Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

Truth

Word says truth is on the path to extinction. Those who claim this describe it as a recent phenomenon, a side product of the new massive and unchecked ways of spreading information. Certain groups have exploited the essential flaws of the system to their favour, the legend explains, by promoting misinformation and taking us into this grim post-truth world where the winner is that with the least scruples, the proud and brutal liar.

But how recent this phenomenon really is? How dependent, for instance, on the social networks currently at blame, or the political climate where the traditionally privileged supposedly have grown worried of their relative position regarding the (again supposedly) rising oppressed. I mean: hasn’t it always been like this? Hasn’t the establishment always controlled the flow of information and decided what was fact and what illusion? And hasn’t the establishment always represented those in power, the class on the upper end of the inequalities, as under threat by the others: the foreigners, the strangers, the weirdos, the poor, the outsiders, the resentful?

I think about this as I reflect on the problem of detecting misinformation automatically. Both as someone who cares about politics and as someone interested formally and computationally on the technicalities of truth and language this is an appealing challenge. But it has a double edge, because its popularization as a threatening monster guilty of everything that goes wrong also suggests that before the coming of these blatant champions of lying and their digital streams of fake we were safe and protected even though politicians (and in general people with (economical, political, intellectual, scientific, religious, &c.) power) have manipulated and lied very effectively to the public by using their access to media every time they can benefit from it. In a sense, the problem is not the rise of liars but that liars are not as subtle as they used to be.

My current feeling is that posing this as a technological problem that needs to be solved by better algorithms and systems that will shield us from the dishonest is yet a new more layer of self-deceit.

Venecia

Mientras caminaba por la enredadera de callejuelas y puentes en mi ruta a ciegas hacia la plaza San Marcos, convencido de que la geometría de la ciudad me guiaría (no me equivocaba), pensé varias veces que ese sería un buen lugar para desaparecer o incluso morir si alguna vez es necesario. Pensé también en mi soledad y mis concurrencias y cómo pierdo el balance cuando descuido unas u otra. En la ciudad de los canales, tan viva y artificiosa, me entrego al instinto de alejarme porque sé que amparado por sus límites nunca estaré demasiado lejos de nada pero desde esa distancia falsa, en el silencio de una intersección de callejones solitaria e irrepetible, alcanzo a entrever la dimensión de ese sueño del cosmos generoso que nos inventa y concede presencia. Sentado en San Marcos soy un pequeño cúmulo de asombro.

Monster

The monster comes walking because you are angry, lost and do not know how to handle life as it comes because life happens to be painful, confusing and fucking unfair; so the monster is awaken by your nightmare and comes walking toward you; the monster can see through you, it can destroy you and maybe that is precisely what you need at this moment instead of the strength you have been trying to fake ever since the nightmare took you to the land where hope hurts and acceptance is betrayal to everything you love; the monster comes walking and rips you apart so that you can find inside yourself the weakness that will guide you to the end of the nightmare: that place where at last you let truth and sorrow drown your soul.

Cohen

Murió Leonard Cohen. Me enteré anoche. Jasna me contó. Me quedé un rato callado pensando en cómo las canciones encajan y se cuelgan de la vida y cómo lo que significa Leonard Cohen para mí es una mezcla de momentos, encuentros, amistades y lugares sumergidos en su música y palabras, indistinguibles de su voz.

Trump

Y todo cae pero en cierta forma todo también perdura. Al fin y al cabo los señores atenuados que hoy entonan himnos triunfales son los mismos que han decidido quién es más, quién menos y qué importa desde siempre. Como me dijo Sergio esta mañana: esto es apenas un cambio de modales.

Pensaba hace un rato, durante la fila para el café, que hace algunas décadas surgió un movimiento ciudadano que resistió a esos señores y les aclaró que había límites. Ha surgido varias veces en diferentes momentos con diferentes grados de éxito. Este en particular fue provechoso y efectivo y produjo cambios sustanciales (aunque no totalmente satisfactorios) en la forma como las personas en este lado del mundo abordan ciertas diferencias. Algunos murieron en esa lucha. En su cenit fue un movimiento amplio que incluía no solo a los oprimidos sino a una fracción de los tradicionalmente privilegiados. Y supongo que mantener la inercia es difícil pero llegado un punto el movimiento se concentró en alcanzar lo que parecía un punto medio conciliatorio: un acuerdo resignado en el que las ideas viejas y los odios que las motivaban perduraban en la intimidad de sus anfitriones pero eran gradualmente desterradas de la conversación pública. Una vez ahí el movimiento se desvaneció casi por completo y volvió a ser un asunto que sólo concernía a los sistemáticamente oprimidos e ignorados (a través de desigualdades históricas que se asumían como naturales y por tanto inevitables). Tal vez el error del movimiento amplio fue creer que la pelea terminaba ahí. En ese silencio rencoroso había suficientes nutrientes para un retorno rabioso dadas las condiciones óptimas que un señor como Trump, con su total desprecio por la humanidad y dignidad de quienes considera sus inferiores, supo materializar aprovechando la ansiedad de atención de los medios idiotas (tan objetivos, tan neutrales, tan cautos) que usó libremente como megáfono.

Catástrofe

Algunos dicen que hoy es el día que todo cae, el mundo se reconfigura hacia las nostalgias y los señores atenuados abrazan el poder desde la decadencia y, conscientes de su extinción inminente, resuelven llevarnos a todos con ellos tal vez para acolchar con nuestros cuerpos su caída.

Premio

Un libro de Luis ganó un premio esta semana y mi amigo se volvió famoso de repente. Bromeábamos la semana pasada al respecto. Toda la situación, rabiosamente súbita, parecía salida de una de sus historias: el ya no tan joven joven-escritor-en-el-exilio recibe de sorpresa una invitación para viajar a su país de un día para otro a participar como finalista en un concurso por un libro que compilaba sus cuentos, el esfuerzo de una década que consideraba mayoritariamente perdido. En una historia de Luis esta invitación conduciría a una comedia de equivocaciones y malentendidos producidos por la habilidad natural del protagonista para desencajar en medios distintos a la soledad y la distancia a las que ya llevaba años acostumbrado. Al final el premio lo ganaría el finalista petulante chileno que a lo largo del cuento había demostrado ser un hombre desagradable pero simple (características en las que se regodea el protagonista para despreciarlo con intensidad siempre en aumento) que ofendía intensamente por miedo a ser expuesto como un fraude en cualquier pausa sin llenar y que mientras sostiene su cetro de ganador en el escenario deja entrever en su cara (a ojos del protagonista) el horror de confirmar todos sus temores ante un auditorio que lo tortura con aplausos y sonrisas que sabe que nunca serán sinceros.

Así, pero bien escritos y muy largos, son los cuentos de Luis. Son crueles y duros pero también son una burla a esa crueldad y dureza que sugieren. Aquí enlazo lo que escribí sobre este libro (o uno muy parecido a este) cuando se llamaba distinto, hace ya cinco años.

Malo

He sido mala persona muchas veces. He hecho daño. En algunas ocasiones, pocas, lo he sido por voluntad propia, con absoluto control, con cabeza fría. Más frecuentemente lo he sido al dejarme llevar por pasiones o debilidades. Cuando eso pasa soy consciente del carácter negativo de mis actos pero los permito porque alguna emoción mal manejada me hace sentir que son apropiados. En ambos casos siento que la motivación más profunda es autodestructiva. No hay otra ganancia. Soy mala persona porque me desprecio y quiero que ese desprecio sea validado por otros. Así me sepulto entre la recriminación (ajena) y la culpa (propia).

Por otro lado no quiero ser una mala persona. Como sé que puedo serlo procuro estar atento a los indicios de mezquindad, resentimiento o cinismo que usualmente preceden mis peores momentos. No siempre los detecto a tiempo. Cuando lo logro me alejo de la situación conflictiva (ya sea con distancia o con silencio) y me doy tiempo para asentar las emociones, no me dejo impulsar por ellas. Al cabo de algunos días o semanas, cuando el sentimiento se ha difuminado, pienso en lo que quería decir o hacer e intento explorar alternativas, si alguna, para manejar lo que quiera que motivó la crisis sin caer en la destrucción o el menosprecio. A veces simplemente me alejo para siempre.

Alas

Compré una bandeja de alas de pollo para hacer el caldo base para la sopa de tortilla. Cuando el caldo estuvo las alas todavía seguían intactas (supongo que pude haber dejado cocinando el caldo por horas hasta que las alas se deshicieran pero la idea era comer sopa de tortilla antes de que cayera la tarde) así que las saqué de la olla, las puse en una refractaria y metí la refractaria al horno a cuatrocientos grados (F). Al cabo de una hora larga, con algo de vigilancia, estaban tostadas y deliciosas, perfectas para comer con una gota de miel.

Conectar

Lo que no quiere decir que esto se acabe. Después de cierto número de años es difícil abandonar la costumbre de ocasionalmente exponerse en texto ante distantes como una forma de crear vínculos o conectar. Después de todo esto siempre ha sido una estrategia para atenuar la soledad, o tal vez solo para sostenerla en un buen lugar porque, siendo justos, pocas cosas de la vida aprecio más que mi soledad y sus distancias. El tumulto y la cercanía me aturden e incomodan. Soy mejor de lejos.

Renuncia

Llegó la hora de renunciar a la serie diaria y numerada. Era un propósito últimamente insostenible. No sé qué pase ahora.

257-267

Once días sin escribir motivo saturación de la vida. Del festival de cine me quedo con Arrival, Colossal y I Am the Pretty Thing That Lives in the House. Arrival, en particular, me tocó hondo. Mientras hacía fila para las películas leí The Big Short de Michael Lewis: divertido, triste y aterrador. En general la maratón de películas me dejó satisfecho. Muy probablemente la vuelva a hacer el próximo año. Durante el último mes he estado calmado y contento. El trabajo va bien y la vida todavía mejor. Laia empezó clases de música (una hora) y piano (media hora) en el conservatorio hace dos semanas. El curso de piano requiere piano en casa así que resolvimos invertir y comprar uno, con la esperanza de que Laia se entusiasme y nosotros también lo usemos para aprender. Hoy a mediodía llegó en un camión. Tal vez el próximo año organice mi horario para tomar al menos una lección a domicilio a la semana. Por lo pronto practicaré escalas.

256

Recuerdo mucho menos de lo que no recuerdo, menos mal. Aunque a veces me gustaría poder decidir qué recordar.

255

Me gusta esconderme en las películas. Entre la oscuridad, envuelto en historias, me siento inmaterial y por tanto completamente a salvo. Es mi estado ideal.

254

Seis años con Mauricio. Somos todo lo que somos gracias a él.