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Un blog para Mauricio Arturo

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Modelos

La teoría de modelos explora la relación entre los lenguajes formales matemáticos y las estructuras abstractas de las que pretenden hablar. No todo lenguaje matemático es formal. La formalización es sólo una estrategia de juego entre muchas otras. Una de las ventajas de la formalización es que, al equiparar sintaxis y semántica, facilita la verificación y producción automática de argumentos. Otra es que permite capturar propiedades esenciales de las estructuras. Una desventaja es que es rígida en exceso: impone todo tipo de limitaciones de enfoque y aproximación. La teoría de modelos, sin embargo, no se concentra en desarrollar matemáticas a través de la formalización (empresa tradicionalmente monopolizada por personas con trastornos mentales serios) sino en estudiar consecuencias matemáticas de la (potencial) formalización. En particular, la teoría de modelos propone taxonomías y fisiologías de las estructuras matemáticas de acuerdo a diferentes filtros formales. La taxonomía se basa en la miopía natural de los lenguajes. La fisiología en su capacidad complementaria para nombrar y aislar. Si la teoría de modelos se pudiera aplicar abusivamente a los lenguajes naturales, intentaría responder preguntas como las siguientes: (1) ¿Cuántos mundos posibles son capturados por una descripción particular del mundo? (2) ¿Qué consecuencias físicas se desprenden del hecho de que dos mundos sean ligüísticamente indistinguibles? (3) ¿Qué objetos del mundo pueden ser nombrados? (4) ¿Qué quiere decir nombrar? (5) ¿Qué captura el nombre de un objeto? (6) ¿Cómo interactúan físicamente los objetos nombrables? (7) En general: ¿Cuál es el poder del lenguaje sobre la realidad que describe o narra? El teorema de Svenonius señala el carácter mutable de lo innombrable (Remember Lovecraft). El teorema de Beth establece una equivalencia entre lo nombrable y lo ineludible (Remember Perec). Si la teoría de modelos pudiera aplicarse abusívamente a los lenguajes naturales, sería la hermana maniaco-compulsiva de la (meta)literatura.

Martyrs

Un mártir puede ser creado. Basta ejercer control sistemático y cuidadoso de su existencia y extinguir su voluntad mediante la humillación reiterada. Se debe establecer un ritmo apropiado que canalice el código. El dolor es la sabiduría. Un mártir es un testigo. Su tormento lo libera del peso de ser y la necesidad de la culpa. Antes que física, su experiencia es moral. Por eso (ya) no tiene miedo. Está limpio de humanidad. Sus ojos miran sin rencor ni ansia de venganza, desde la disposición infinita para el amor de quien se sabe perdido. El aprendizaje último del martirio es siempre la sublimación del sufrimiento que precede a la comprensión incomunicable de lo esencial.

Mártires
La verdad está adentro.

마더

¿Cuando se exige justicia qué se exige? Castigo, tal vez, o reconocimiento de culpas. O de pronto una compensación a quienes fueron afectados. Muchas veces, sin embargo, lo que el ansioso de justicia quiere es que le otorguen la razón y su verdad particular sea de repente la de todos. La justicia oficializa y fija una narrativa que idealmente corresponde a lo que pasó pero que en realidad sólo lo establece por decreto. Por eso a veces es injusta. Por eso no siempre es conveniente. La mentira, la manipulación y el olvido pueden ser preferibles, más cercanos a lo verdadero y deseado.

마더 Madeo Madre
Nadie conoce mejor a sus hijos.

Asesinos

Lo que Sergio no cuenta es que una vez mató a un animal para comérselo. Un animal que, además, le sirvió fielmente durante varios meses. Era 1993. Teníamos codornices en el patio. Las teníamos por los huevos. Tal vez haya fotos por ahí. Las compramos pequeñas. Recolectábamos los huevos todos los días, los guardábamos en la nevera, y cada tanto, al ritmo de los suplex de Monday Night Raw, nos comíamos cuarenta de golpe con salsa rosada. Era uno de nuestros planes favoritos cada semana.

Pero un día las codornices dejaron de poner huevos.

Pensamos mucho en qué hacer. Les dimos tiempo. Buscamos asesoría en las tiendas veterinarias de la avenida Caracas. Compramos comida especial. Nada dio resultado. Decidimos asarlas al horno, pero primero teníamos que matarlas. Mi abuela dijo que las codornices debían ahogarse para proteger la carne. Creo que haber visto recientemente Como agua para chocolate influyó en la decisión.

Instrucciones: cada uno agarra una codorniz, sostiene la cabeza y la hunde en un balde con agua. Sólo la cabeza (esto también por recomendación de mi abuela). Lo hicimos en el patio, junto a la que había sido su casa por cerca de un año. La codorniz se retuerce, patalea, se relaja, tiembla y muere en ese orden. Dos minutos por animal. Sergio sólo lo hizo una vez. Yo maté a las otras cinco. No recuerdo haber sentido mayor culpa. La compasión no era mi fuerte. Todas estas debilidades morales que ahora padezco son más recientes. Encontrar el amor me jodió.

De resto procuramos que tuvieran una vida feliz, eso sí.

Drive

Supe de una mujer quería demandar al director de Drive por publicidad engañosa. Según la mujer, el tráiler de Drive ofrecía una película de acción y no cumplía. La señora tenía razón: Drive no es una película de acción. Las películas de acción no tienen tiempo para el silencio. Drive está plagada de ellos. El silencio en cine es incómodo. Afuera también, pero en el cine más. Es demasiado abierto a interpretación para ser tolerable dentro de los parámetros estrechos de lo que popularmente se identifica como comercial. Rompe la intensidad que la trama requiere para sostener la atención cautiva. Es como páginas blancas al azar en un libro. Hace poco hojeé una novela así. No entendí para que servían esas páginas. Los silencios de Drive los entiendo mejor. Hay quienes hablan más de la cuenta, sin pensar en las consecuencias. Dicen cosas que no deberían decir y luego son incapaces de asumir la responsabilidad de lo que hacen las palabras. Si se dice menos, se arriesga menos. La premisa es evadir el riesgo, minimizarlo o controlarlo. Aquel que está bajo control no necesita decir nada más que lo esencial. Su voluntad resuelta lo precede. Cuando así lo requiere, simplemente actúa.

Bloody Gosling
El género es retrominimalismo sangriento con samurai.

Pontypool

En Pontypool se propone la idea de que el uso apropiado de ciertas palabras podría reconfigurar la voluntad de la persona que las oye, las entiende, las apropia y las repite. A través de este mecanismo natural, un virus verbal podría tomar control de una sociedad, habitando su lenguaje y reproduciéndose a través de él. En Pontypool el control es agresivo y confuso. Los individuos infectados son poseídos por un ansia asesina de retransmitir el mensaje que sólo es saciada cuando se registra la retroalimentación que confirma el contagio. Primero pensé que era absurdo pero tal vez no lo sea tanto. Lo que pasa es que en el mundo real los virus verbales son más sutiles. Pocos asumen que haya peligro alguno en permitir su expansión (que de cualquier modo es por lo general indetectable). Son (parte de) la cultura. Su contundencia y capacidad destructiva, sin embargo, no son atenuadas por su sutileza, en especial cuando el lenguaje es activamente secuestrado por el poder político. En no pocos casos engendran desolación, discriminación, esclavitud y muerte. Son inofensivos hasta que dejan de serlo. Siempre hay riesgo en repetir las palabras de los demás.

La última defensa es la incomprensión.

告白

Confesiones, de Tetsuya Nakashima, se entiende mejor con un esquema de puntos y flechas. Los puntos son personajes y las flechas verdes son transferencias de culpa. Las flechas rojas, por su parte, son venganzas ejecutadas. Hay un punto especial que es la masa. Así me lo imagino. Recomiendo hacer el esquema mientas la ven. Ayuda a apreciar el juego de justificaciones de violencias interconectadas sobre la imposibilidad del perdón. Me recuerda al Señor de las Moscas y a Rashomon. Suicide Circle es un predecesor obvio. La dinámica de venganzas e intercambios de culpas en Confesiones permite que todos los personajes tengan su momento de redención y su momento de castigo desproporcionado. También promueve la confusión moral, lo que siempre es apreciado. Liberar temporalmente al psicópata interior en un ambiente controlado es un ejercicio sano.

Confessions
Los niños japoneses dan miedo.

Bestia

Tras la décimo octava víctima, La Bestia decidió hacer una pausa y reflexionar sobre el sentido de su arte. Primera conclusión: el asesinato es una necesidad primaria y precede a cualquier atisbo de análisis moral. Por eso el hombre bueno puede matar. Mientras se preparaba para acostarse, recién duchado después de una larga jornada de limpieza del sótano relleno (literalmente) de fantasmas, se preguntaba en qué punto la intención neutra, la fantasía ansiosa de poseer la vida de otro, se convertía en maldad. En el fondo sabía que era un criminal. Había estudiado la ley. Sabía que su ejecución no era totalmente limpia y había pruebas contra él. Siempre habría pruebas. Pero no eran suficientes. Cualquier implicación era, por lo pronto, circunstancial. Era cuidadoso. Sabía lo que hacía. ¿Lo sabía? Temeroso de crear patrones que lo delataran, había desarrollado un método aleatorio de selección, tratamiento y disposición de sus víctimas y se rendía con disciplina a su voluntad falsa de cálculos y generadores de la ilusión del azar. Ceder el control lo incomodaba, pero temía que su inconsciente lo delatara. También, para qué negarlo, le agradaba pensar que no era él, sino la máquina, quien exigía el sacrificio. Era liberador. Por eso no se opuso ni dudó cuando el programa le ordenó procesar a su hermana, su favorita, la menor, la artista. Era necesario, se dijo. Era su vida o mi paz. La Bestia no odiaba. Tampoco se alimentaba del dolor. Era un asesino compasivo, tranquilo, sin rencores que lo traicionaran. Matar no era placentero, sólo reducía temporalmente la angustia. Sentado en una silla frente a su cama, sin la máscara habitual, le pidió a su hermana que lo entendiera antes de someterla con una dosis de ketamina. Ella lo miró con bondad desde la ausencia, sin reclamos. Cuando sus restos aparecieron en una bodega abandonada, dispuestos en lo que parecía ser parte de un grotesco ritual arcano, lloró asqueado con llanto sincero por teléfono y luego ante el cuerpo agujereado mil veces en la morgue mientras una trabajadora social le daba palmadas inútiles en la espalda y lo intentaba convencer de que, pese a la evidencia, Mariana no había sufrido. Y qué importaba si no había sufrido si ya no estaba. Era la primera vez que podía apreciar su arte desde adentro, desde la condición de víctima impotente. Nunca antes se había permitido algo así. Ser, de alguna manera, el muerto. No sabía cómo reaccionaría. No sabía qué esperar. ¿Ese era el efecto de su arte? ¿La tristeza intransferible del que pierde lo que quiere? ¿La soledad? ¿El vacío? ¿El futuro perdido? ¿Y dónde estaba su recompensa? ¿A quién servía la maldad? ¿De dónde provenía? ¿Por qué tanto dolor? ¿No había bondad en la maldad? ¿No era siempre buena para alguien más? Atormentado, La Bestia decidió darse un tiempo para pensar y reestablecer su vida. Tal vez crear nuevos vínculos con el mundo. Tal vez pintar o escribir. Quería hacer algo realmente hermoso. Quería volver a tener ilusiones y dejar atrás su destino monstruoso. Viviría la vida que Mariana no pudo tener. En el tren hacia Toronto, con la máquina dormida en su maleta, soñó despierto que en la estación lo esperaban el amor, la nieve y el perdón.

芭比3 (Óleo en lienzo), por 黃沛涵. Parte de su serie Fleshy Fairytale.

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Paseantes

Este ensayo reciente de Morozov conecta los problemas que describí en las últimas dos entradas y ahonda en las consecuencias negativas de la socialización de la red y la tiranía del motor de búsqueda. Aquí se refiere a la automatización de los enlaces:

[F]rictionless sharing has the same drawback as “effortless poetry”: its final products are often intolerable. It’s one thing to find an interesting article and choose to share it with friends. It’s quite another to inundate your friends with everything that passes through your browser or your app, hoping that they will pick something interesting along the way.

Idea: En los noventa surgieron anillos de sitios personales e independientes. Un sistema sencillo interconectaba semialeatoriamente sitios suscritos al anillo. De cierta manera Geocities era una versión monstruosa de esa idea. La primera versión de la Evil List de Sergio (de donde luego se desprendió la Open List) era un anillo de blogs con un pequeño portal para detectar actualizaciones de los miembros. Tal vez un esquema similar, reformulado y repensado para que se adapte al conexto actual, sería una buena manera de promover el vagabundeo en línea no mediado (lo que Morozov llama cyberflâneur) y hacerle frente a la limpieza, uniformización y centralización de la red que impulsan Google y Facebook.

Enlaces

Los enlaces nacieron para referenciar. Cuando alguien incluye un enlace en un texto tiene la intención de invitar a su audiencia a ampliar su lectura a través de ese enlace. De paso, contribuye a enriquecer la red, generando una conexión entre el contenido a enlazar y las palabras enlazadas o incluso el texto entero. (Tal vez por eso el término vínculo a veces funciona mejor como metáfora. Aquí una ilustración gráfica del concepto con revistas de la edad de plata española.) Los motores de búsqueda se valieron de la semántica implícita en esas interconexiones generadas manualmente para clasificar y ordenar la red.

Antes todo el mundo fumaba todo el tiempo.

En este momento, sin embargo, las llamadas redes sociales (cuando no fagocitan contenido impunemente) son el mayor generador y direccionador de enlaces (después de Google y las sucias granjas de enlaces que viven de la SEO, que por su carácter meta no cuentan en este análisis). La nueva dinámica de distribución y creación de enlaces en estos servicios intermediadores fuerza un replanteamiento de su función y propósito. De cierta manera, el enlace expansivo y enriquecedor corre el riesgo de desaparecer.

Una de las maneras como las redes sociales contribuyen a la extinción de los enlaces radica en la mecanización de su reproducción. Buena parte de los enlaces disponibles en redes sociales son el eco del eco del eco casi inmodificado de un enlace originalmente publicado por el autor del contenido enlazado con el ánimo de promoverlo. Aunque los ecos firmados pretenden certificar la calidad del enlace, nunca funcionan de manera tan efectiva como una recomendación directa pues jamás dejan de parecer autopublicidad. El Like o RT no es un boca-a-boca sino simplemente la reproducción automática de un volante digital, que, como en su versión física, por lo general va directo a la basura sin ser leído o, en este caso, explorado. Los contenidos que se benefician de este proceso son aquellos con enlaces que se difunden brutalmente, sin agüero, por lo general apoyados en un aparato publicitario (o al menos una intención) comercial.

(Digresión breve: la muerte de los blogs es una consecuencia lateral de este fenómeno. Hoy en día, los pocos enlaces a blogs provienen de sus propios autores. El medio, por su naturaleza personal, no tiene el caudal para competir en atención. Depende de las redes sociales para capturar audiencia. Ya no puede sostener conversaciones.)

Por otro lado, en tanto que el enlace es esencialmente siempre el mismo, al ser reiterado no hay enriquecimiento semántico. La manualidad del proceso original era fundamental para propiciar esto. Sin ella no se generan verdaderas nuevas conexiones directas que contribuyan a clasificar su contenido, posicionarlo, vincularlo a otros e interreferenciarlo.