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Hoy tuve una conversación que me hizo caer en cuenta de un cambio esencial de perspectiva en mi vida que creo que ha tenido consecuencias inmensas. Antes de la muerte de Mauricio yo quería ser alguien y después de su muerte mi propósito ha sido, descrito burdamente, no ser nadie. Casi todas mis aspiraciones grandes se desvanecieron y fueron reemplazadas por una especie de desinterés no del todo negativo por cualquier cosa que implique ascenso; ante la muerte, mi respuesta primero angustiosa y después firme ha sido volcarme a presenciar y apreciar la vida con tranquilidad. Eso ha marcado de forma profunda, y para bien, los vínculos que he creado desde entonces.

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Encuentro con Amador y Piotr en el barrio indio para comer. Hace años que no los veía. Me gusta la familiaridad de estos encuentros con amigos de hace mucho tiempo. Saber que el vínculo no se pierde a pesar del poco contacto. Personas que sé que me encontraré muchas veces más y siempre tendremos tema para reírnos y hablar. O al menos espero que así sea.

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Ya no le tengo tanto miedo a vivir. Lástima que le agarrara el gusto tan tarde.

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Fui a una fiesta de cumpleaños de una conocida de Laia y tomé más cerveza de la que debí. Con el exceso de cerveza viene la libertad de pensamiento y con esa libertad el arrepentimiento de desperdiciarla en nimiedades sin repercusión alguna en el proyecto urgente de resolver los asuntos verdaderamente importantes que como especie nos atañen, empezando por el cambio climático y la amenaza de la inteligencia artificial. Espero que perdonen mi descuido.

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Sábado lento entre siestas, lecturas, hamaca y calor. Uno de esos días en los que la acumulación de duermevelas hace que se pierda totalmente la orientación temporal. Cada momento se siente largo y desconectado del resto. A media tardé asé un par de pedazos de sobrebarriga al carbón. Aunque ya lo había hecho antes, esta vez no me gustó cómo quedó. Ando en conflicto con la carne, más de lo habitual, y tal vez de ahí, más que del resultado, proviene mi juicio. Laia, después de varias sesiones de llanto gratuito, hizo siesta de cinco y media a siete y media de la tarde así que aunque son las diez y media todavía anda por ahí dedicada al arte primitivista. Dentro de poco tendremos que intervenir. Me tienta ponerla a dormir y salir a tomarme una cerveza en un bar, pero la pereza de vestirme es más fuerte.

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Día de trabajo en la casa. Me gusta poder tomar ocasionalmente un día de soledad. Por lo general siento que son productivos. Me ayudan a enfocarme en lo que quiero hacer y cómo organizarlo. En la oficina, entre el tumulto y las reuniones, me cuesta concentrarme y avanzar en los proyectos grandes, donde todavía hay muchos detalles por aclarar.

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Ana, la hermana de Jasna, escribió este ensayo sobre la muerte, hace pocos meses, de su hija Nadia. Su lectura me dejó arrasado pero también agradecido. Es un texto muy duro y muy lindo.

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It takes you a while to come to terms with the fact that you need to go to sleep because you seem to believe that sleeping is this optional absurd activity adults created to keep you away from music, toys and games. After all, you are never tired. The procedure starts when I announce that in about five minutes we should all go to sleep (a blatant lie). What follows takes an hour. Sometimes you throw a tantrum right away and I let you own it but maybe a few minutes in I suggest that you could brush your teeth while at it, or maybe put on your pijamas. Manipulation is not out of the table. Nothing is out of the table. If needed I pick you up and dance you through the different service stations. Long gone are the times when I thought that at the end of this daily and frustrating iterative process there was a method that would allow me to put you to bed without tears and screams and statements about how you do not have any friends anymore. Now I just let you go your way and try to stick by your side making sure that everything that needs to happen happens at some point: brush your teeth, go to pee, take a bath, pijamas on, the essentials. As a reward, and you know it, I read you a book and sing you songs. This week we are reading Zorgamazoo once again. The first time I read it you were inside your mother and we read a chapter every night before going to sleep, hoping you would learn to recognize my voice. This time, now a breathing air independent tiny woman, you pay attention and ask me questions about the words and the story. Often I finish a verse and realize that I was not pronouncing appropriately the last word of the previous line. I notice it because the rhyme fails. You have not realized yet how awful my English is. After the chapter is over you ask for songs. Today I departed from the usual repertoire and tried to sing a few David Bowie songs. Discovered I do not know the music of Starman, only the chorus. You approved my interpretation nevertheless or at least did not reject it explicitly; just listened to the songs and finally, when I went over five or so, asked me for one kiss, one hug and your tickles. Each dose was doubled.

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Mónica sale por las noches a buscar pokemon en el parque. No es la única. Hemos encontrado cazadores por todo el barrio. Algunos solitarios y otros en equipo. Soy fáciles de detectar. Se saludan entre ellos tímidamente y a veces enseñan sus pantallas como gesto solidario. Los tranvías, me cuenta Mónica, están llenos de jugadores. Su paso lento los hace particularmente óptimos para ordeñar cada parada de la ruta. Algunos conductores de tranvía, he leído en Twitter, a veces sugieren paraderos con buena presencia de pokemon en el área. Poco a poco, en cosa de días, la ciudad ha sido arropada por el juego. Esto nos preparará para la llegada de los verdaderos monstruos.

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El domingo pasé un rato largo en la hamaca primero leyendo y después tomando una siesta. Desperté agradecido con el universo por ese invento tan maravilloso. Tengo que aprovechar más el balcón.

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Leo One River de Wade Davis con la fascinación de encontrar un libro que se siente esencial para la vida y la pena de no haberlo leído antes: sé de su existencia desde hace muchos años. Lo leo y pienso en el mundo en el que vivo y en el mundo del que vengo (mundo como lugar pero también como gente). Me entran nostalgias de pueblos y circunstancias en donde jamás he estado pero que por puro vínculo emocional siento cercanas si no propias. Y las añoro aunque sé que en el momento cuando podría haberlas apreciado no entendía su valor.

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Día bueno y largo con lecturas en el pasto, comida india con amigos y karaoke con otros amigos. Se siente raro tener vida social. Raro bien.

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La ciudad es grande y está llena de gente. De noche se siente solitaria sin ser amenazante. Especialmente a medida que me alejo del centro. Cada vez menos personas. Me tranquiliza la soledad. Me atrae la idea de, llegado el momento, vivir tan lejos como pueda del mundo.

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Tengo un amigo en el salón de Laia. Es un niño con síndrome de Asperger a quien procuro saludar cada vez que paso. Inicialmente no me prestaba atención pero los últimos días he notado que no solo no me ignora sino que me ve y se alegra de verme. Hoy me arrodillé para saludarlo a su altura y se lanzó hacia mí y me dio un abrazo con una sonrisa grandísima que nunca le había visto. Sentí incluso como si quisiera decirme algo. Después contamos los dedos de las manos. Antes de despedirnos nos miramos un rato en el espejo. El abrazo lo seguí sintiendo el día entero.

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Breve crisis existencial cruzando University Avenue y descubriendo, recién termino el cruce, que no recuerdo haber tomado ninguna medida de precaución antes de cruzar. Me entra la duda, por ejemplo, de si el semáforo estaba de mi parte. En el fondo confío en que mi inconsciente está entrenado en los procedimientos de cruce de avenidas congestionadas y si no recuerdo la toma de la decisión no quiere decir necesariamente que ningún pedazo de mí (profundo, eso sí) intervino, midió y calculó lo que hubiera que calcular. Soy una máquina muy afinada.