Rango Finito

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Televisor

Ayer aceptamos que nuestro viejo y fiel televisor, el que compramos recién llegados a Canadá y con el que vimos tantas películas de gusto dudoso, ya no quiere vivir (solo prende ocasionalmente, sin razón alguna) y compramos un reemplazo que lo duplica en tamaño. Fue una decisión difícil. Nos va a tomar tiempo acostumbrarnos a todas sus inteligencias. Atrás quedaron los años cuando los televisores se resignaban a su condición con humildad. Ahora todos quieren ser algo más. Este a veces ni se deja apagar.

Diversos

Ayer fuimos a la marcha de las mujeres que organizaron en Toronto en solidaridad con la correspondiente en Washington. Me gustó el ambiente y aprecié el sentido de responsabilidad que muchos comparten acá por prevenir que algo como lo que está pasando en Estados Unidos se reproduzca, aunque también noté con incomodidad que la mayoría de las presentes eran personas blancas, educadas, del lado favorecido de la desigualdad, como nosotros (exceptuando lo blancos). Esto no debería sorprenderme: la protesta es un privilegio más. Pero no deja de ser curioso que en los cantos se preciaran de ser un ejemplo de diversidad. Más diversidad, pensaba ayer, encuentro cada día en mi tranvía matutino.

Ratón

Hay un ratón en Sing que consistentemente durante toda la película trata mal a sus compañeros de trama: una banda de cantantes aficionados mayoritariamente de buen espíritu que quieren alcanzar la fama. Al principio lo hace solo con desprecio y burla pero más adelante su comportamiento indirectamente desencadena la desgracia que cierra el segundo tercio de la historia. Y no sé si admirar o incomodarme de que pese a esto nunca recibe su merecido. Incluso después de la desgracia sus compañeros lo aceptan como parte del grupo y hasta el final sus comentarios y actitud prepotente persisten impunemente. Ni un gesto de arrepentimiento. No me quedó claro si su escena final era una forma de indicar que su castigo sería inminente. Un personaje intrigante, en todo caso.

Difuminado

Cada vez ser menos hasta dejar de ser enteramente. Abandonar el tiempo. Presenciar la vida desde la nostalgia de saberla de antemano perdida. De pronto no hay alternativa.

Supervivencia

Hace poco noté de nuevo (es un descubrimiento recurrente) que mis preparativos para el fin de la civilización o una teleportación stúbita a otra dimensión se limitan a acumular cuadernos y equipo para dibujar y escribir en el morral. Es algo que he hecho sistemáticamente desde que era pequeño con la confianza de que mis cuadernos y esferos de colores me salvarán de los monstruos o por lo menos de la soledad. Y supongo que ha sido así. Es solo que los mundos donde me materializo son el mismo mundo donde estoy y donde de cualquier modo me siento aislado y fantasmagórico, presente apenas a medias y por lo general aburrido.

Inercia

Sufro de inercia. Persisto por costumbre, sin compromiso, por puro miedo al cambio de parámetros presentes o ideas del futuro, incluso cuando es evidente que el cambio me hará bien y la configuración actual implica sufrimiento (en el sentido budista del término, supongo, sin la connotación dramática). La sola consideración de una reforma de rutinas me produce vértigo y para prevenir esta sensación postergo decisiones pequeñas y grandes indefinidamente: las dejo acumularse en el fondo hasta que se desparraman o dejan de tener sentido por vencimiento de términos o circunstancias. Paradoja: la resistencia ocasional a esta inercia que me aqueja termina, con cierta frecuencia, forzando cambios brutales en mi vida y lo que siento que soy. Al menos dos veces he saltado, en rechazo desesperado a mi terquedad, por fuera de mi propio tren. Estas caídas me dejan magullado y perdido. Pero una vez me ubico puedo, al menos por unos meses, permitirme ser sin declarar fidelidad a alguna gran determinación o responsabilidad arbitraria que asumí en un momento similar de debilidad un número impreciso de años atrás. Aprecio esa sensación temporal de levedad.

Arco

Anoche soñé que un compañero del trabajo era despedido. Resultó ser cierto, pero me equivoqué de compañero. Después soñé que un pulpo inmenso nos perseguía en una piscina. Un salto súbito del pulpo produjo un salto defensivo de mi parte que me despertó hacia las cuatro de la madrugada. No recuerdo la última vez que un sueño me despertó. Debió ser hace más de quince años. Intenté dormir pero no lo logré, así que descansé por un par de horas con los ojos cerrados hasta que el cielo empezó a fulgurar. Entonces me levanté, hice un desayuno rápido y salí para el trabajo. Llegué a la oficina a las ocho. Trabajé a buen ritmo y con ánimo. Salí a las cuatro y fui a recoger a Laia. De camino a la casa pensé en llevarla uno de estos días al trabajo, tal vez la próxima semana.

Derrumbe

Ahora que empieza el fin del mundo lo importante es preparar buena comida, comprar un par de botellas de vino caro y encontrar un lugar cómodo dónde sentarse a ver las luces en el cielo que precederán el derrumbe de sangre y fuego.

Pocas

Quiero escribir este año. Aunque tal vez no las cosas que escribo acá sino las que escribo cuando me cuesta, las que nunca termino. Quiero volver a escribir, me digo, como si hubiera algo que lo impidiera más allá de mi dejadez y mi pereza. Y bueno, poca cosa no son.

Mejor

Llegado un punto, cansado del miedo, el monstruo acepta su condición y participa de la vida desde ahí, en su margen, sin pretender ser alguien diferente, sin aspirar a ser alguien mejor. Lo hace con algo que se siente como orgullo.

Stan

Mi juguete favorito en el trabajo y por fuera del trabajo es Stan. Aquí un artículo introductorio recién publicado que se concentra en su interfaz de uso y aquí otro también reciente donde explican la intuición detrás de sus algoritmos de muestreo de distribuciones posteriores (la matemática asociada es, según he podido ver, bastante sofisticada). Durante este año quiero entender esa maquinaria mejor y si me da el tiempo intentar contribuir a alguno de sus proyectos circundantes.

Lento

Tal vez conviene bajar el paso y dejar de mirar hacia el suelo.

Doblez

Ayer mientras armaba este elefante (créditos a Aleyda por el enlace) admiraba la cantidad de dobleces en instrucciones de origami que son preparatorios, adaptando el papel para que acepte con gracia dobleces posteriores que, a diferencia de los preparatorios, son sustanciales para la forma final. La mayoría de los dobleces preparatorios son sutiles (parecen innecesarios, casi tontos: se desdoblan casi inmediatamente) pero a medida que el papel converge a su identidad auténtica se hace cada vez más obvio por qué eran en cierto sentido inevitables: son la forma como papel aprende a ser todo lo que puede ser.

Definición

Y así es como llegamos a este momento y lo dejamos pasar sin parsimonia ni nostalgia, sin apego alguno, porque qué sentido tiene anclarse a un instante: nada que importe puede pasar mientras el tiempo no pasa; todo pasa cuando el tiempo ya ha pasado, en la ficción que montamos para sentirnos definidos e inmutables: algo esencial que perdure en medio del caudal vacío que nos transforma y arrastra.

Preferencias

La vida es preferible como compendio de encuentros que como acumulación de conflictos. Algunos encuentros son cortos y otros perduran por muchos años. Su longitud no determina su valor. Cada encuentro es una oportunidad para aprender, recibir amor y entregarse a los demás. Mientras duren.