Rango Finito

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Campañas

Mejor de salud, aunque ya con ganas del descanso de diciembre. Esta semana nevó y eso cambia de pleno el espíritu circundante. Sigo leyendo Carbon Ideologies de Vollmann. Espero poder escribir algo al respecto una vez termine si es que termino. Intenté con el nuevo libro de Carolina Sanín pero no me dio el ánimo. Durante la visita de mi hermana jugamos juegos de mesa por las noches. El favorito resultó ser Survive!, un juego viejo que alguna vez tuve cuando era niño y que redescubrimos hace cosa de un mes en una tienda donde presentaban la edición de treinta años como una novedad. Es sencillo y relativamente rápido. Enviamos a mi hermana de regreso a Barcelona con Patchwork, un juego para dos personas que siempre nos ha gustado. Hablando de juegos, ando con ganas de rearmar mi biblioteca de juegos de rol en preparación para los siete años de L. y su pandilla, cuando espero iniciarlas con alguna campaña fantástica. Ya veremos.

Corazón

Un dolor en el pecho intenso la semana pasada me tuvo varios días con angustia, exámenes y visitas al médico. El potencial problema cardiaco ya está bastante descartado, pero la molestia persiste (aunque es cada vez más leve). Parece ser una mezcla de una lesión muscular en el hombro sumada a una de las peores crisis de ansiedad que he tenido en varios años. Ahí vamos.

Deriva

Motivo visita de mi hermana ando de vacaciones esta semana. En Brasil eligieron como presidente a un cristiano fundamentalista con un discurso violento y retrógrado. En Estados Unidos el extremismo de derecha se expresa sin contemplaciones a punta de amenazas y ataques, todos al ritmo que marca el payaso desde Washington. En Toronto caminamos por la ciudad entre golpes de viento helados y súbitos asaltos de sol. Se vive bien acá, le cuento a mi hermana. Me siento bien aquí, quiero decir. En la casa leo The Overstory de Richard Powers y pienso en toda la vida que sacrificamos para sostener la infraestructura tecnológica que asociamos con progreso. Me hace cuestionar nuestro modo de vida y nuestras prioridades. A veces siento que nos dejamos llevar.

Longevidad

Fuimos a una obra colombo-mexicana de títeres en un festival del pueblo: una tragedia de un niño que se queda sin agua. Se inicia con la escena del niño dándose un baño feliz en una tina. Uno de los titiriteros soplaba burbujas mientras el otro controlaba al niño. La historia continuó, pero por alrededor de veinte minutos una burbuja sobrevoló orgullosa el escenario y después se adentró entre el auditorio. Nunca había visto a una burbuja de jabón durar tanto. No la vi explotar.

Sangre

Esta semana leí Bad Blood, el libro de John Carreyrou sobre Theranos, la compañía de Silicon Valley que se presentaba como una revolución en los exámenes de sangre (una gota para hacer miles de pruebas automáticas en un aparato pequeño) y resultó ser, tras casi quince años de secretos y promesas, una montaña de patrañas sin sustento técnico. Es una historia de mentiras, tretas, agresiones e intrigas que ilustra, en su versión más monstruosa, el tipo de dinámicas tóxicas que incentiva la cultura de los capitalistas del riesgo y sus exigencias de crecimiento exponencial. En versiones atenuadas, estas son frecuentes en todo el ecosistema de start-ups. El villano del libro es Elizabeth Holmes, la gerente y fundadora de la empresa, una persona joven, inteligente y ambiciosa que, tal vez ante la incapacidad de concretar su sueño, recurre a todo tipo de maniobras sucias para preservar su imagen exitosa. No pude dejar de pensar que en el trasfondo del drama y el terror hay una historia dura sobre la forma como ella afronta internamente las presiones y expectativas que ella misma genera. Más que maldad, leo tormento y decepción en su armatoste de falsedades. Es importante, por pura salud mental colectiva, proponer reflexiones más amplias e intensas sobre el sistema de valores que engendra a personas como ella y su empresa fallida.

Desatento

Soy malo para sostener la atención con dedicación. Cuando lo logro llego a eso a punta de imponerme restricciones y cortar de lleno con diferentes actividades que, en principio, podrían parecer inanes, como leer periódicos, además de adoptar rutinas rigurosas. Es un estado muy frágil que a su vez me promueve el tipo de angustias que por otro lado también procuro mantener bajo control. No he logrado encontrar en ese espectro intermedio el punto satisfactorio que me permita concentrarme en lo que quiero hacer sin que eso implique sufrimiento por el riesgo constante de perder lo alcanzado. Lo más parecido a eso es no pensar mucho y aprovechar los breves momentos de fluidez circunstancial, ya desde la consciencia de que nunca habrá nada mejor que eso.

Gente

Hoy estuve en una de esas actividades empresariales de formación en manejo de gente, la primera de una serie de cuatro que tendremos durante este mes. Desde principio de este año esa se volvió una fracción de lo que hago (tengo a mi cargo tres personas que serán cuatro a partir del lunes, además de un montón de trabajo coordinando con otros equipos) y creo que cada vez valoro más a quienes hacen eso bien, en parte porque me parece difícil, malagradecido y desgastante. Total es que aunque le tengo pereza a esas sesiones de entrenamiento corporativo esta resultó edificante y hasta iluminadora. Parte del éxito de la sesión es que la gente que contrataron hizo con juicio la tarea de entender la organización antes de montar el taller. Otra cosa que me pareció valiosa es que son personas con experiencia en empresas tecnológicas y saben bajar los conceptos generales medio nebulosos que son frecuentes en esos asuntos a un nivel concreto, realizable y familiar. Vuelven la vaina sensata. Me puso a pensar en las estrategias con las que lidio, medio a la buena de Dios, con mis líos internos y mis crisis. También en la forma como han evolucionado (o involucionado, en algunos casos) mis relaciones personales. Cuando son bien planteadas, todas esas aproximaciones a la administración de equipos y organizaciones (dentro del capitalismo; pero incluso fuera, se me hace) se vuelven en últimas observaciones sobre lo complicadas que son las personas y cómo tomar en cuenta todo eso al establecer relaciones de trabajo provechosas con ellas sin enloquecerse y sin enloquecerlas. Creo que es la primera vez que asisto a algo así sin sentir al final del día que fueron ocho horas desperdiciadas. Hasta tomé notas.

Símbolos

Ya octubre. Se alcanza a sentir el cierre del año en el aire frío y las capas de ropa que se acumulan para contrarrestarlo. Llevo ya casi un mes enseñándole a leer en español a la hija. Avanza bien. Al principio me impacientaba pero ya aprendí a llevarle el ritmo. Para este momento ya conocía las letras así que el problema no es reconocerlas sino cómo leerlas en conjunto. Eso hace más fácil la tarea y seguimos el Nacho Lee con rigor. Lo difícil es competir con la lectura en inglés que aprende en paralelo en el colegio. El inglés y el español se aprenden a leer de formas radicalmente opuestas y es tentador, para ella, transferir estrategias de un lado al otro. También empezamos a usar las regletas clásicas para aprender aritmética sin mucho método más allá de memorizar los colores y empezar a jugar. Esos ejercicios le encantan y los hace sin esfuerzo y con bastante gusto por ratos largos. Se me hace que se parecen a los ejercicios de piano. La lectura es, claro, más exigente. Esta semana por las noches, antes de dormir, estamos leyendo juntos un libro por primera vez. Elegimos uno de Isol cortito y vamos palabra a palabra. Es bien lindo.

Tacvba

Fuimos a ver a Café Tacvba. Fue como encontrarse con la juventud. Estábamos muy cerca del escenario y todo fue intenso y feliz. Cantamos, bailamos y saltamos. Nos dejamos contagiar por la sonrisa generosa de Rubén. Café Tacvba representa bien, desde su mexicanidad rampante, la riqueza y potencial de la nación latinoamericana, ese impensable político que es a la vez una realidad latente, casi inevitable, en el exilio. Estos encuentros me exacerban lo más parecido a un nacionalismo que llevo adentro.

Interminables

Nota corta para decir que vimos anoche una película llamada The Endless. Nos gustó. Menciona en varios momentos a Lovecraft y no es en vano. Creo que le gustará a Luis y a Javier (Avilés).

Hatifnat

En el mundo de los mumin hay unas criaturas minúsculas sin cara llamadas hatifnat que surcan el mar y los ríos en pequeños barcos rudimentarios. También caminan cuando así lo requiere su viaje. Como siempre quieren estar en otro lugar, nunca llegan a su destino. “No hablan y no quieren a nadie”, explica el mumintroll. “Nunca sabes si un hatifnat está contento o enfadado, triste o sorprendido. Estoy segura de que no tienen sentimientos”, dice la mamá del mumintroll. En el primer libro de los mumin, el papá del mumintroll ha desaparecido y el mumintroll y su mamá salen de viaje a buscarlo. Más adelante se revela que el papá se unió a un grupo de hatifnat (fue engañado para que se fuera con ellos) y abandonó a su familia. Inicialmente todo parece un detalle menor, pero de pronto la mamá del mumintroll se suelta a llorar desconsolada recordando su partida y en respuesta todos se abrazan y lloran. Al final lo encuentran a salvo en el medio de una gran inundación. No hay resentimiento. Tampoco disculpas. Todo es perdonado con el reencuentro. El papá les cuenta que lleva meses intentando encontrarlos para llevarlos a una casa que construyó y hacia ella parten. Los hatifnat vuelven a aparecer en otros libros. En este que leemos ahora cuentan que mientras navegan o caminan agitan las manos en el aire, como saludando el horizonte.

Deficiencias

Ando disperso. Recordé que tengo suscripciones a algunos blogs y me entretuve un rato leyendo los de Arturo y Andrés. Aquí Andrés primero y Arturo después hablan sobre la presencia de las mujeres en la comunidad matemática colombiana. Lo que dicen conecta bien con este tuit de ayer de Alice Goldfuss (a quien por cierto me encanta leer) donde resalta que muchas mujeres terminan en ciencia y en tecnología dedicadas a trabajar para que acepten y valoren a los que son diferentes de la población establecida en lugar de trabajar para crecer en sus disciplinas. Porque no solo se les exige mayor esfuerzo y dedicación para ser valoradas sino que además cae en ellas la responsabilidad de que la comunidad las acepte. Y pocos hombres se involucran y ponen de su parte para abrir campo y reducir las exclusiones activas y pasivas. En fin.

Esta semana me antojé de leer Intercourse de Andrea Dworkin así que antier arranqué. La tesis central del libro es que el sexo heterosexual ha sido moldeado dentro de una cultura que desprecia y oprime a las mujeres y por ende sus prácticas y expectativas asociadas están adaptadas para servir a esa estructura de violencia. Dworkin se vale en los primeros capítulos de obras de ficción (en el primero, una novela de Tolstoi; en el segundo, tres novelas de Kobo Abe) para ilustrar diferentes manifestaciones de esas dinámicas. Por ejemplo en el segundo estudia la relación de los hombres con la desnudez propia y la de las mujeres:

Being naked does unnerve the men: it is an ordeal; and being looked at is nearly a terror. The men seem to distract themselves from their own nakedness by looking at women in an abstracting and fetishizing way; the voyeurism, the displaced excitenment (displaced to the mind), puts the physical reality of their own nakedness into a dimension of numbed abstraction. The nakedness of the women experienced in the minds of the men is almost a diversion from the experience of being naked as such; naked and, as the box man says, “aware of my own uglyness, I am not so shameless as to expose my nakedness nonchalantly before others.” Men’s bodies are ugly (“unsighly,” “the unsightliness of [generic man’s] naked body,” “ninety-nine percent of mankind is deformed”); is this ugliness of men that makes the box man think that “[t]he reason men somehow go on living, enduring the gaze of others, is that they bargain on the hallucinations and the inexactitude of human eyes.” For men, the meaning of a woman’s naked body is life itself.

No sé cómo terminará, pero por lo pronto me gusta mucho. Es una rabia muy bien canalizada, casi compasiva. Y siento que se dirige hacia una propuesta que va más allá de un simple cambio de perspectiva. Se nota que hay mucho pensamiento y trabajo cuidadoso detrás. Me cuenta Inga que aunque ya cumplió treinta años de ser publicado aún no ha sido traducido al español. Ya viene siendo hora.

Desconocidos (1)

No sé cómo el colegio organizó una especie de retiro a mediados de 1994 en una casita de Cajicá con un letrero que decía “Shalom” a la entrada. La primera actividad, tras explicarnos el significado y proveniencia de la palabra “shalom”, fue un intercambio de zapatos (para ponerse en el lugar del otro) en el que (enteramente en el lugar del otro) me atormentaba la suerte de aquel a quien correspondieran mis botas nauseabundas.

La segunda actividad no la recuerdo. La tercera sí, porque fue la más larga: uno de los organizadores, un hombre joven pero a mis ojos no tan joven, de voz portentosa y ceja firme, arrancó un monólogo que para mí duró cerca de una hora en el que nos contó a detalle cómo tuvo durante muchos años una relación destructiva con las mujeres que lo hacía verlas a todas como agujeros a ser penetrados (recuerdo los gestos con las manos que enfatizaban el sentimiento). Durante esos años, confesaba, maltrató a muchas personas y más adelante empezó a hacerse daño a sí mismo para compensar o algo así. Creo que se declaró alcohólico. Finalmente terminó en esta especie de grupo de oración que organizaba los retiros y ahí, con ellos, encontró un camino para salir de esa fase de su vida y perdurar.

La historia tenía un final edificante pero era sobre todo una advertencia en últimas valiosa y hasta vanguardista sobre la prevalencia tóxica de la misoginia y un llamado a la compasión como principio, se me hace. En ese momento creo que no tenía las referencias ni experiencias para apreciarlo, pero incluso así me impresionó el impulso del monólogo. Era especial.

En varias vidas paralelas probablemente nunca supe qué fue de él, pero en esta que nos corresponde lo sé, porque dos años más tarde algún día de desparche lo reconocí contando cuentos en La Perola, el evento semanal de cuenteros de la universidad nacional. En ese momento no lo sabía pero el misógino redimido criptocristiano resultó ser un tal Jorge Navarro, capo de esa rosca y, en mi opinión de absoluto inexperto en la materia, una de las personas que definió la cadencia y tono del cuentero bogotano noventero de la misma forma que el cantante de 1280 Almas determinó cómo y a qué ritmo se cantaba lo que quiera que fuera eso que ellos sonaban.

Como la cuentería se me hacía sucia, igual que el teatro y en general cualquier actividad que involucrara muchedumbre y gritos, no lo vi muchas veces, pero más adelante un primo se hizo amigo de amigos de Navarro y a través de él a veces me enteraba de sus andanzas. Por ahí supe por ejemplo que al parecer su redención se le había complicado. No sé, sin embargo, si era estudiante de la universidad o un diletante. Y menos sé cómo seguía la historia de su camino. Lo que sí sé, porque fue noticia, es que una noche de 1998 después de una rumba un bus se lo llevó cruzando la carrera treinta frente la universidad y ahí quedó tirado. Estaba borracho.

Como esto fue antes del google y el youtube no encontré ni una foto ni un video de sus cuentos. Por ahí aparecen menciones de su nombre en las biografías de otros cuenteros todavía activos, donde usualmente es descrito como un mentor o un maestro. Como sea, todavía hoy puedo recuperar fragmentos más o menos sólidos de la sensación de oírlo atormentado contarnos, de pie en el medio de la sala de esa casita de Cajicá, que había sido horrible y ya no quería serlo. Ecos de fantasmas que uno lleva adentro.

23

Vamos a acampar. Tal vez jamás volvamos. En tal caso no nos busquen: nunca pretendimos perdurar.

22

Ayer por la noche, no muy lejos de la casa, alguien disparó indiscriminadamente contra personas en restaurantes, cafés y bares sobre The Danforth, una avenida central del lado oriental de la ciudad que concentra todo tipo de negocios. Por lo pronto tres personas, incluyendo el pistolero, han muerto. Las otras dos son una mujer de dieciocho años y una niña de diez. Hay bastantes heridos. En un video en línea se le ve caminar, detenerse y apuntar hacia adentro de un local. Se escuchan dos disparos. El giro es mecánico (robótico). No hay pausa. Me intriga el gesto. Es como si al ejecutarlo evitara (o esquivara) la reflexión. Un movimiento predeterminado y autoimpuesto, descontextualizado, tal vez para facilitar el acto al abstraerlo y abstraerse (para no permitirse ver, para prevenir la consideración). Viste enteramente de negro, es alto y delgado, lleva una gorra del mismo color y una mochila a juego donde, supongo, guardaba sus proveedores. Si entendí bien su recorrido, pasó frente a nuestro restaurante griego de confianza. Disparaba contra las vitrinas y continuaba su marcha. Cada tanto cruzaba la calle y proseguía.