Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

Entusiasmo

Sigo con pereza de escribir acá. Ahora leo The Fifth Season, de N.K. Jemisin. Se supone que es de lo más excelso en ciencia ficción actual y por lo pronto no desmerece. El resto del fin de semana hice oficio, cociné un poco (tenía ganas del tradicional pollo guisado con papa que a mi mamá tanto le gusta, así que procedí), fui con la niña a la piscina y descansé. También estoy leyendo Starship Troopers despacito y otra cosa más que ahora no recuerdo así que no debe ir muy bien. Tal vez ya no la estoy leyendo de verdad y es hora de abandonar. Tengo ganas de leer sistemáticamente todas las novelas ganadoras de los premios Hugo. Ese puede ser uno de los próximos proyectos si la pereza no se interpone antes. A veces pierdo el entusiasmo para hacer ciertas cosas incluso antes de acumular el suficiente para empezar.

Agobios

Anoche estaba cansado, me fui a tomar una siesta y seguí derecho hasta el otro día. Fue un día pesado con la hija, que tenía dentistería al mediodía. Después fuimos a comer souvlaki al barrio griego. No mucho más para anotar. Pero como tengo ese compromiso digamos con la vida, entonces me debo inventar una razón para seguir. Lo malo es que hoy fue un día más bien monótono de trabajo. Logramos resolver un problema que esta semana nos tenía agobiados. El capitalismo genera esos agobios falsos para que sintamos que tenemos un propósito y un valor. Y después esos agobios nos enferman. Pero entonces hay que ver esas enfermedades como heridas de guerra, con el orgullo de haberse sacrificado por la causa. Menos mal que ya es viernes otra vez y me puedo desentender del mundo exterior. A ver si mañana tengo algo más sustancioso para compartir.

Restos

Leo en la prensa que mataron a un ciclista en Parkdale, al otro extremo de la ciudad. Venía en su bicicleta, un señor filipino de treinta y nueve años que recién dejaba a su hija pequeña en el colegio (o sea a la nueve de la mañana), cuando una camioneta se fue de frente contra un tranvía y el impacto la mandó en trompo sobre el ciclista, que aparentemente sobrevivió al golpe pero no a sus consecuencias y murió camino al hospital. Sobra decir que me sentí identificado. El señor llevaba dos años en la ciudad.

Nada se lleva. Todo es para dejarlo acá.

Cartografía

Seguimos, aunque no sé hacia dónde. A veces durante el día siento que debería tomar nota de algunas de las ideas que se me ocurren con el propósito de tal vez transcribirlas en este lugar más tarde. Por lo general resisto esos impulsos vanidosos. Quiero sostener cierto nivel de naturalidad en este sitio, así sea fingido, y eso implica sentarme cada noche a escribir lo primero que se me pase por la cabeza. Por ejemplo ahora pienso en eso de que a través de las palabras se avanza pero por otro lado nunca es claro cuál sea su destino. Me gustaría dedicarle tiempo a entender en qué sentido hay un desplazamiento, en qué espacio podemos detectarlo y quién o qué, en últimas, es lo que avanza. Imagino ahora a las ideas como una red y a las palabras como una forma (una de tantas) de saltar de una a otra mediante la construcción/el descubrimiento de vínculos (¿o tal vez las ideas son precisamente los vínculos y los nodos son conceptos o entidades enriquecidas de algún tipo? ¿abstracciones estructuradas?). A medida que los vínculos se establecen, la red se deforma para adaptarse a la nueva configuración, ciertas ideas se aproximan y esto permite nuevos vínculos que hasta hace poco eran (literalmente) impensables. Quizás avanzamos hacia una claridad. O hacia un equilibrio. O, a ver si puedo ser más concreto, hacia un esquema local e interno (necesariamente dinámico) de las realidades que frecuentamos. Un mapa en movimiento, o algo así. Las palabras lo ayudan a crecer y persistir.

Distracción

Olvidé escribir ayer. Me distrajo la televisión. Estamos viendo la nueva serie de moda sobre asesinos seriales en Netflix. Se me ocurre ahora que es una serie sobre la forma que toman los sentimientos cuando se dejan crecer sin las resistencias naturales que impone la vida en comunidad. Porque aunque la mayoría de las acciones son en últimas manifestaciones de sentimientos, también hay en cada acción un acto interno de resistencia para atenuar el impulso primario hasta que sea aceptable, hasta que reconozca (dentro de lo posible) a los otros como iguales, especialmente en lo que concierne a la experiencia de la tristeza y el dolor.

Gris

Estuve haciendo oficio toda la mañana mientras M. y la niña andaban en clase de piano. Después las acompañé un rato a la fiesta de cumpleaños de S., amiga favorita, que era en los cines del barrio. Al cierre de la fiesta entraron en grupo a ver la película de Mi Pequeño Pony y yo aproveché para escapar: de seguro podré verla luego (y varias veces) en la casa cuando salga en Netflix. De regreso hacia la casa pasé por la tienda del trago y por la carnicería y mientras caminaba leí un artículo sobre Trump y Saturday Night Live, un programa cuya gracia nunca he comprendido; tal vez es muy gringo para mí. Ya en la casa puse carne en el horno y me eché a leer. Ellas llegaron tarde, casi a las cinco, y para ese entonces ya la carne estaba a punto de salir. Quedó rica. Según parece, hay unas milicias lituanas que se preparan desde hace años para una invasión rusa que asumen inminente. También asumen que el ejército se rendirá al primer signo de amenaza. Si yo viviera en Lituania creo que también dedicaría mis fines de semana a simular batallas. Suena como un ejercicio prudente considerando lo que se ha visto por allá cerca, en Ucrania especialmente. Por otro lado lo más probable es que si llegara a venir la invasión que temen los rusos los arrasarían sin misericordia. Ojalá que no sufran mucho cuando pase.

Para acompañar la carne hice unos espárragos. Hace unos veinte años (tal vez menos) aborrecía los espárragos intensamente (y el brócoli, y la coliflor) y siento que es afortunado que haya reconsiderado mis hábitos de desprecios sistemáticos y me permitiera probar vainas por fuera de mi esfera de comodidad, que era, ahora que lo pienso, muy reducida. Hay un valor importante en acumular gustos. Mucho más cuando se pueden compartir. Un buen propósito sería encontrar una nueva fuente de gusto (y regalarle una a alguien más) cada semana, o incluso cada día si se puede.

Mañana es domingo de piscina. No sé qué haremos por la tarde. Ojalá que haga un mejor tiempo que hoy. Tanto gris me aturde el espíritu.

Nada

Otra vez aquí. A veces me asomo a mi recolector de blogs con la esperanza de que alguno haya renacido para no sentirme tan solo o para recuperar momentáneamente la ilusión de concurrencia que alguna vez fue tan placentera, aunque creo que seguiría sintiéndome solo de cualquier modo porque esta soledad no se quita con blogs ni pantallitas ni mucho menos concurrencias. Creo que eso es todo lo que tengo para decir hoy. Me siento mal porque sé que entrar a estos espacios tan distantes de la acogedora realidad colapsada en flujos sociales exige esfuerzo y hasta sacrificio cuando no valentía, así que es injusto que como recompensa reciban apenas esto, tan nada. Para eso quedarse del otro lado atento a la siempre inminente próxima insolencia del imbécil que gobierna ese país fallido al sur de acá.

(Por cierto, al respecto de eso pensaba que tal vez llegue un momento cuando Twitter tendrá que decidir entre Trump y la gente. Por lo pronto parece preferir a Trump. Supongo que se ve bien en la hoja de vida: Parlante de Donald Trump (2013 – Presente). No sé qué tal sonará eso en unos tres años, cuando sus decisiones y majaderías le cuesten la vida a suficientes personas.)

Crédulo

Pensé que ya me habían olvidado. Como acá no pasa el tiempo a veces es difícil saber cómo funciona la memoria. Hoy fue un día más oscuro que de costumbre aunque no lo fue espiritualmente así que no debería quejarme. En realidad nunca debería quejarme. Tuve unos años de muchas quejas y no siento que fueran años muy saludables en retrospectiva. Procuro ahora agradecer por todo lo que tengo, que es bastante.

Hace un par de noches tuve un sueño absurdo pero feliz y duré todo el sueño contento aunque confundido con la situación, que era de veras totalmente irreal. Al final creo que el llanto del gato me despertó y cuando tomé consciencia de que era un sueño alcancé a decepcionarme sinceramente al perder de repente la felicidad (tan plena, tan fácil) relacionada con esa circunstancia absurda que sin embargo se sentía perfectamente concreta. Total es que pensaba hoy en lo crédula que es la alegría o, tal vez, en lo poco que se necesita para engañarse y dejarse llevar por la ingenuidad más primaria, incluso en casos cuando/donde es evidente que la fuente de satisfacción es una premisa absurda. Todos estamos siempre a un resbalón de terminar atrapados por un culto. Comprensible que tantos caigan. Debe sentirse hasta bien.

Delusión

Los paños de agua tibia no arreglan nada pero consuelan, que es una forma de sanación simbólica no sin mérito.

De camino al colegio, en el bus, la niña me explica que no basta con ponerse una sábana encima para ser un verdadero fantasma, lo esencial es primero estar muerto. Ahora pienso que tal vez me lo explicó en el cuarto, mientras me vestía.

En el chat del trabajo alguien habla largamente de los beneficios de una dieta balanceada acompañada de ejercicio y cómo esta receta infalible lo curó de sus problemas cardiacos. Iba a escribir conversatorio en lugar de chat pero me contuve. Merezco un premio o algo.

De regreso, en otro bus, oigo música y leo artículos de prensa. Llovía. No me mojé gracias a mi fiel sombrilla robada en el metro de Seúl.

Ya en la casa, después de comer, leo un rato sobre variables instrumentales y modelos de causalidad, un negocio que más que estadística parece a veces filosofía aplicada (bajo el cual intuyo un marco categórico por desenterrar). Entiendo (un decir) apenas lo básico muy básico y me imagino diagramas pero ya estoy aburrido más que cansado, así que miro al techo un rato corto y sopeso el dolor actual en el ojo. Me convenzo de que ha de ser menor que ayer y procedo a contemplar una nueva dosis de paños tibios para que no digan que no me someto al régimen impuesto por la médica. A esa delusión de que estoy mejor la llamo consuelo. Se vive mejor sumergido en eso.

Madurez

Resultó ser un orzuelo, aflicción común que no había sufrido desde la adolescencia. Se cura con pañitos de agua tibia, literalmente. Una enfermedad juvenil indigna de alguien en el nivel de madurez espiritual y psicomotriz que certifican las nuevas canas en mi barba. Estas son más centradas y vistosas que la primera que tuve y hace tres meses perdí tras una afeitada desafortunada. Dos canas, oficialmente. Aunque podrían ser tres o incluso cuatro si entrecierro los ojos lo suficiente y le meto convicción. Por favor entiendan: la iluminación en estos tiempos cínicos y descreídos pende de las apariencias no importa la sabiduría. No estoy desesperado, pero si la vaina no mejora por sí sola en unos meses tendré que recurrir (no sin algo de vergüenza) al agua oxigenada.

Calabaza

El lunes festivo duró poco y engendró una infección en el ojo derecho así que mañana por la tarde debo ir a mi médica a que me revise e impida que pierda mi preciado ojo. La casa está más limpia después de la limpiada de ayer pero el lavaplatos de nuevo está a reventar. Supongo que después del médico vendré a la casa a resolver eso. Había algo más sobre lo que quería escribir, no sé qué sería. Se refundió. Hace poco terminamos de ver la primera temporada de Defenders en Netflix. No ofrece mayor cosa, aunque me gusta la asociación de superhéroes reacios, casi que involuntarios. Cada vez el armatoste cinemático de Marvel se siente más endeble. Por el lado bueno, M. hizo una tarta de calabaza que quedó apenas. Me la como despacio para que la felicidad dure y, bueno, porque la dieta continúa.

Desaparición

Día sin novedad. Hice un pato con una torta de papa al horno sencilla como la que le gustaba hacer a mi abuela en ocasiones especiales, parte de su menú elegante. Acompañé a la hija a su clase de natación. Después recibimos el sol de media mañana en el parque. Un acordeonista y una tamborilera hacían lo posible para entretener a una audiencia difícil y mal vestida para el frío con canciones a medio entonar. Aclararon varias veces que eran apenas dos quintos de la verdadera banda y que faltaba, entre otros, el cantante. Los integrantes restantes habían desaparecido de camino a la ciudad. Quizás los abandonaron para siempre y nunca podrán encontrar el camino de regreso a su casa. No sé dónde dormirán.

Incapaz

Resultó que este fin de semana es acción de gracias así que el lunes no trabajo. Tal vez debería hacer pausas del diario los fines de semana para ver si la pausa contribuye así sea mínimamente a mejorar el contenido aunque no creo que haya redención por ese lado. El diario sirve para reconocer un vacío (¿una incapacidad?) y permitirle ser. No sé si para eso esté pero sin duda cumple ese servicio. Me recuerdo que esto que armo a retazos acá es un espacio para el contacto distante, a veces a través del tiempo, con personas que me inventan. No es un diario en la norma en tanto que no es un compendio de intimidades reseńadas periódicamente sino más bien un intento de crear y sostener una conversación así sea falsa. Sobre todo por la costumbre, por la nostalgia de las voces que alguna vez contuvo, pues ya casi todas se han ido. De pronto nunca estamos de veras acá. Pero entonces no sé dónde estamos.

Intermediario

Y bueno, otra semana que se va por el hueco sin nada meritorio para cosechar. No me quejo porque nunca ha sido mi propósito ser un segador de iluminaciones. A duras penas arrisco con lo que me corresponde y de vez en cuando incluso eso se me sale de las manos así sea poco porque supongo que no es tanto un problema de fuerza sino de destreza. No que sea fuerte tampoco, por si hace falta aclararlo. Esta semana la cocina estuvo relativamente limpia y mi nuevo intento de hacer dieta prosiguió sin contratiempos. Poco contacto social fuera del trabajo. A veces no me hace falta y a veces sí. Recientemente no tanto. Prefiero estar en la casa con M. y la niña, jugar y conversar. Los domingos paso la mañana con L. en el parque mientras M. trabaja. Por las noches leemos Momo. Apenas estamos comenzando. Intento también leer cada día unas cuantas páginas de la antología de Borges que sacó la real academia de la lengua. Contiene el ensayo sobre Swedenborg que tanto me impresionó de muchacho. Después de leerlo le conté a mi tía Ángela y ella me advirtió que con Borges nunca se sabía si lo que decía era real o no (creo que ese libro de ensayos Borges Oral fue lo primero que leía de él), así que busqué en la enciclopedia británica herencia de mi abuelo qué encontraba y ahí estaba la entrada sobre el místico alemán. A partir de ahí, en muchas de las bibliotecas por las que he pasado busco libros de Swedenborg y los ojeo no sé bien buscando qué. En la biblioteca de la Universidad Nacional, por ejemplo, había un volumen (solo uno, aunque eran varios) de sus viajes por el inframundo que era un obsequio (aclarado en una nota a mano) de unos seguidores de su doctrina radicados en Chile o Bolivia. Lo malo es que son unos libros aburridísimos. Menos mal que un viejo argentino ciego los leyó por todos nosotros.

Vacío

Me preguntó mi supervisor en el trabajo que cuáles eran mis objetivos de desarrollo personal y profesional dentro de la empresa. Algo para definir criterios de evaluación. Le intenté explicar que yo poco pensaba en esos términos. Que las carreras no eran algo que me preocupara y que lo que me importaba, sobre todo, estar en un lugar a gusto y entretenido. Ojalá con suficiente libertad de maniobra. De resto, que si quiero manejar equipos más grandes o tomar decisiones a niveles superiores o tener más responsabilidades, pues no sé. Lo voy mirando a medida que se dé. En últimas él sabe que yo termino trabajando de cualquier forma mucho más de lo que debería, o por lo menos cubriendo asuntos que en realidad no me corresponden, solo porque siento que me afectan y sufro desde siempre de horror vacui existencial. Esa, ahora que lo pienso, es posiblemente la virtud (si se le puede llamar virtud a eso) que me hace más o menos valioso dentro de empresas pequeñas todavía en proceso de invención.