Rango Finito

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En el tranvía de camino al trabajo había muchas personas con ukuleles. Algunos los afinaban y otros practicaban acordes. Nadie parecía sorprendido. Afuera llovía a medias, sin ganas. En el trabajo encontramos problemas insalvables en la nueva forma de organizar los datos que estamos montando. Ya tenemos un par de alternativas que exploraremos mañana. En el consultorio nada serio más allá del cuidado de la dieta y un cierto compromiso con el ejercicio físico que ahora mismo resuelvo con los viajes al trabajo en cicla y en invierno tendré que resolver de alguna otra forma. En el barrio cierran los pequeños supermercados chinos que pueblan la calle de la reina. Hace un par de semanas cerró el de nuestra esquina. Hoy vi el anuncio de cierre del de la esquina del colegio de Laia, uno particularmente colorido con bufandas colgando de las ventanas. Todo al cincuenta por ciento de descuento exceptuando tiquetes de lotería y cigarrillos.

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Este diario de nimiedades cada vez se siente más vacío. Es intencional. Esta semana trabajaré y dormiré. También voy a comer. Ninguna novedad ahí. El lunes tengo consulta con la médica para revisar los resultados de una ecografía. Sospecho que eso desencadenará más exámenes, aunque la píldora probiótica me ha mejorado algunas de las molestias principales. De resto leo el libro de Sapolsky sobre las consecuencias fisiológicas del estrés (altamente relevante dadas mis dolencias) y páginas de Walden. Todo muy despacio. Hoy pensé que ya estamos en mayo y me dio angustia el golpe del tiempo. De resto tengo una astilla de madera clavada en el dedo gordo del pie derecho. Ya me acostumbré a ese dolor también.

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Estoy en tantas partes al tiempo que no estoy en ninguna en realidad. Ni siquiera donde supuestamente vivo. Tal vez es miedo a establecerme. O incapacidad pura, aunque no lo creo. También puede ser costumbre. Es más fácil. Menos compromisos y apegos. No sé por qué soy tan prevenido con eso. O si sé, pero mejor no exponerlo.

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Durante los trayectos en bicicleta desde y hacia el trabajo pienso detalladamente en proyectos, grandes y pequeños, que jamás acometeré. Los contemplo con la misma fascinación con la que miro a todas esas personas muertas que caminan por la calle sin saberlo. Nunca soy tan productivo como en mi bicicleta. Nunca nada suena tan bien, tan fácil, tan final. Me considero un pusilánime ambicioso. El miedo paralizante al fracaso no me quita la ilusión, así que la dejo salir durante mis paseos en bicicleta y la abandono en la calle al llegar a mi destino.

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Me quedé dormido junto a la cama de Laia cantándole una canción. Mejor me voy a descansar.

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El secreto de la felicidad pasa por sandalia y media tobillera cuando arranca el calorcito. Es algo que todo filósofo burgués sabe. La combinación me proyecta como un hombre tranquilo y descomplicado, cómodo con su lugar en el cosmos. Súmele camisa blanca manga corta, barba desarreglada y cicla y parezco recién graduado de un ashram. Así los confundo.

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Día gris. En mi camino desde Spadina con Queen hasta la oficina vi la torre refundida entre la niebla. En el mismo punto hace algunos días vi a un hombre viejo con una bolsa plástica en la mano derecha que usaba la izquierda para manipular una interfaz invisible. Inicialmente pensé que escribía números en el aire pero después noté que tomaba pequeños bloques y los reorganizaba en diferentes lugares de una especie de tablero. A veces los hacía girar antes de ubicarlos. A veces simplemente los transladaba. Cada cierto tiempo daba un paso atrás para apreciar el estado global, asentía y retomaba su trabajo. No me atreví a interrumpirlo y preguntarle qué hacía. Tal vez intentaba salvarnos. Quizás gracias a él seguimos vivos.

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Últimamente procuro concentrarme en cada día y seguir un proceso sencillo que se inicia conmigo en la cama y termina de la misma forma, ojalá temprano, ojalá sin dolor de cabeza, ojalá mejor de lo que quiera que tengo en el aparato digestivo. Por la noche, antes de acostarme, tomo una píldora de probióticos que me recomendó la doctora. A los bacilos me encomiendo.

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Compramos un asador de carbón y hoy lo estrenamos con dos pedazos grandes de sobrebarriga y unas longanizas. No sé cuántos años llevaba con el sueño de poder hacer asados en la casa. En el apartamento en London no había espacio. Aquí tenemos un balcón grande donde cabe el asador. Costó trabajo arrancar el carbón pero valió la pena. Todo quedó deliciosamente cancerígeno. Sergio, que ya fue asimilado por el sistema, tiene un asador de gas cual sucio gringo. Mi abuela jamás habría aprobado esa infamia.

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Mi abuela decía “Así la vida es un soplo” cuando se burlaba de que yo llegara a siestiar a la casa después de las clases por la mañana en la universidad. Y efectivamente la vida es un soplo. No se equivocaba.

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Yo: Tamañana, mi vida.
Laia: Tamañana, mi vido.

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Murió Prince. No me imagino cómo sería desayunar con Prince, o hacer el mercado, o ser su amigo de verdad. Siempre me pregunté si necesitaba respirar o si era algo opcional para él. Parecía como si siempre estuviera debajo del agua. Hacía música por fuera del tiempo.

Prince
You don’t have to be cool to rule my world

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Ayer llegué a la casa y pensé “Hasta ahora es martes”.

Hoy llegué a la casa y pensé “Ya mañana es jueves”.

Todo en la vida es cuestión de perspectiva.

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Queridxs amigxs,

Estamos empezando un intercambio colectivo, constructivo y esperamos que estimulante en demasía. Es una cosa de una vez, y esperamos que participes. Hemos elegido a aquellos que pensamos que querrán hacerlo, lo harán divertidos y se tomarán fotos mientras lo hacen. Sólo para ti.

Por favor envía un poema a la persona cuyo nombre está en la posición 1 abajo (incluso si no la/le conoces). Debería de ser un texto/verso favorito que te haya afectado en tiempos difíciles, por ejemplo durante ese incidente con los extraterrestres en Paipa. No te lo pienses demasiado.

1. ███████ ████████ (███████████@yahoo.com)
2. Javier Moreno (bleulephant@gmail.com)

Después de que hayas enviado el poema/verso/cita etc a la persona en la posición 1, y sólo a esa persona, copia esta carta en un nuevo email. Mueve mi nombre a la posición 1 y pon el tuyo en la posición 2, y al final del email. Sólo mi nombre y el tuyo deberían mostrarse en el nuevo email. Envíalo a trescientas cincuenta (350) amigos en copia oculta. Si no crees que puedas hacer esto en menos de 5 días, un ardor intenso en la zona genital será la primera señal de que cometiste un grave error. En cuestión de horas, tal vez en una sala de emergencias, descubrirás que has perdido la capacidad de amar. Al cabo de unos años comprenderás tal vez le dabas demasiada importancia a todo eso. No lo necesitabas. No era para ti. Te mentirás de mil formas. Es posible que encuentres otras aficiones y hagas nuevos amigos con tu misma condición en los grupos de apoyo que frecuentes para resolver tus conflictos. No serán amigos de verdad. Pero todo puede pasar. Seguro que encontrarás algún poema que te haga compañía y te sirva de consuelo y entonces recordarás lo fácil que hubiera sido preservar aquello que perdiste de haberte tomado la molestia de completar la tarea sencilla que te propuse. Piensa en todos los poemas que habrías recibido en pocas semanas. Es divertido ver de dónde vienen y qué historias oscuras ocultan. Es posible que provengan de episodios psicóticos o encuentros cercanos con la muerte. Pocas veces desiste la gente ¡porque todos necesitamos placeres y todos queremos amar! La vuelta es rápida, ya que sólo hay dos nombres en la lista, y tú sólo tienes que hacerlo una vez. No tengas miedo.

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Cada vez más lejos de mí. Quién sabe dónde voy a parar.