Leí varios cuentos hoy. Más y más cuentos de terror. En ninguna parte de este libro advierten que estos son cuentos de terror. Deberían. No sobra. Mejor prevenir. Leí uno, tal vez el que más me impactó, de un señor psicorrígido que se levanta un día y encuentra un campamento de guerra en el primer piso de su casa, con soldados, putas, muertos, heridos, sangre y música a todo volumen. Con dificultad, el señor intenta, en medio del desastre, proseguir con su triste rutina. Admiro la frialdad tranquila de los narradores de Ungar.