Hace cerca de un año yo llegué a pensar que hoy presenciaríamos un vergonzoso espectáculo de reafirmación de una dictadura solapada. En lugar de eso tendremos una ceremonia de retoma del poder por parte de sus dueños tradicionales. Uribe, en últimas, fue un exabrupto en el orden natural de las cosas, en la disposición de la jerarquía. Ahora podemos volver a la tranquilidad de saber que los patrones tienen la alcurnia suficiente para representarnos y engañarnos con clase y dignidad.