Cuando la rueda llega a su cénit y empieza a descender siento por un instante el vacío de caer libremente. Me gustaría que fuera real. Mi hermana llora junto a mí, me agarra el brazo con las uñas y me dice que no puede más no puede más no puede más por favor ya no más. Pero estamos en lo más alto y vemos la ciudad iluminada y sentimos la pequeñez súbita de todos, incluidos nosotros. Cuando el viaje termina regresamos al mismo lugar, y mi hermana, entre risas, se tapa la cara para que no se den cuenta de que todavía está llorando.

(clic)