Cuando la rueda llega a su cénit y empieza a descender siento por un instante el vacío de caer libremente. Me gustaría que fuera real. Mi hermana llora junto a mí, me agarra el brazo con las uñas y me dice que no puede más no puede más no puede más por favor ya no más. Pero estamos en lo más alto y vemos la ciudad iluminada y sentimos la pequeñez súbita de todos, incluidos nosotros. Cuando el viaje termina regresamos al mismo lugar, y mi hermana, entre risas, se tapa la cara para que no se den cuenta de que todavía está llorando.
(clic)

Oye, pues es muy bueno.
Es curioso: he buscado una respuesta desde el otro punto de vista, el del miedo, y me sale egotista:
Cuando la rueda llega a su cénit y empieza a descender siento por un instante el terror al vacío, a caer libremente. Voy a morir. Me pongo a llorar a gritos, y aunque trato de mantener la calma necesito aferrarme al brazo de mi hermano, le clavo las uñas, no puedo más no puedo más por favor ya no más. Pero estamos en lo más alto y vemos la negrura de la noche, las estrellas, y sentimos la pequeñez súbita del mundo, incluidos nosotros. Cuando el viaje termina regresamos al mismo lugar, y trato de disimular, de imitar las risas de mi hermano, mientras me tapo la cara para que no se den cuenta de que todavía estoy llorando.