Pierdo las semanas sin entender muy bien cómo. Me despierto con Mónica y me acuesto a media noche y cuando me acuesto pienso: otro día sin hacer nada. Este pensamiento me agobia y no me deja dormir muy bien. A veces me despierto de madrugada y pienso que necesito cambiar eso de alguna manera. No me siento bien. Durante el día procuro hacerlo pero entre el calor y el desánimo pierdo el poco impulso. No sueño nada por estos días. Miro la panza de Mónica e intento imaginar a Mauricio fuera. Ya falta poco. Espero demasiado de Mauricio. Espero que me saque del tedio. Quiero tenerlo a mi lado y poder tocarlo. Quiero ver cómo es. A veces me distraigo hablando con los distantes. Otras veces me distraigo hablando conmigo mismo y proponiéndome cosas, planes, para aprovechar el tiempo libre que ahora tengo y desperdicio. El martes nació Lorelei, la hija de Jana y Clifton. Hace unas horas recibí sus primeras fotos. Es linda. Me emociona y me alegra. Lorelei es un preámbulo a la realidad inminente de Mauricio. Hoy fuimos a Walmart a comprar un coche para él. Mónica quiere uno que permita ver al niño mientras uno camina con él. Increiblemente, muy pocos modelos de coches de precio razonable cuentan con esa posibilidad. Por desgracia el modelo está agotado en el almacén, pero no hay prisa así que regresaremos el próximo fin de semana. Tampoco encontramos el horno microondas que queríamos. El viaje al centro comercial fue prácticamente perdido. Qué pesado es moverse en una ciudad que desprecia el transporte público y sus usuarios. Nunca había vivido en un sitio así. De vuelta en la casa vimos My Fair Lady y luego A Bronx Tale. De comida horneé un lomo de cerdo con puré de manzana. Quedó bien, pero no era lo que esperaba.