El tiempo hace lo que puede, pero eso nunca es suficiente para usted. Claro que tengo derecho a sentirme así y usted no es quién para concederme ese derecho. Me sentiría igual con o sin su permiso. Mi consuelo es que ahora al menos sé con cierta precisión cuál es el valor que usted otorga a lo que siento, a lo (poco) que le doy. También tengo claro lo que debo esperar de usted. En una realidad paralela seguro que seguimos siendo felices. En otra realidad paralela todos estamos muertos. ¿Quiere posibilidades? Un día me levanto y siento que esto ya no es para mí así que me esfumo de mi vida y de la suya. Por amor, desaparezco. ¿Otra? Un día me levanto y recuerdo que olvidé algo en la oficina. Es sábado, decido caminar, eso es lo último que recuerdo. Cuando abro los ojos de nuevo estoy en un lugar donde pasé muchos años siendo niño: el hospital donde internaban a mi abuelo luego de cada crisis. Cuando le pregunto al médico por usted el médico me responde que usted ya no está. El médico me pregunta datos básicos sobre mi vida y se sorprende cuando le respondo correctamente, pero hay algo que está mal. El médico no me lo dice, no al principio, pero yo lo sé. Me veo las manos y lo sé. Cuántos años, le pregunto al doctor. Poco a poco recupero la memoria. Me muestran videos de lo que fui, de lo que quedó de mí después del accidente. Accidente. Nadie sabe qué pasó. Usted se cansó de esperar mi regreso. Me dejó una carta para cuando despertara, para cuando volviera a responder correctamente a las preguntas fáciles. En la carta me decía que no sabía si alguna vez leería esa carta pero que de todas maneras la escribía porque sentía que me debía eso. Luego me hablaba del dolor de verme y lo que veía en mis ojos cuando la llamaba por otros nombres. Me listaba los nombres. Me listaba las historias que le había contado de mi vida. Me preguntaba cuántas personas de esas era yo y cuántas me había inventado para complacerla. Me pedía que fuera feliz. Eran cosas que yo debía entender si no es que ya las entendía desde antes. Esa es la duda siempre: tal vez el accidente sólo facilitó lo inevitable. En la carta había una foto de los dos el día que nos conocimos en esa fiesta hace cinco años. Nuestra primera foto juntos. Atrás estaba la fecha. Tengo un juego en el que grafico la distancia entre los dos. Esa fecha marca el tiempo cero. Hablo de distancia en un sentido emocional. Pienso en las veces cuando nos miramos y sabíamos que no había nada que nos separara. Eso pasó. Usted tal vez no lo recuerda pero eso pasó. Y se sentía bien. La línea ondula y cae y vuelve a escalar en pendientes que miden odios y tristezas. Ahí vamos nosotros, pienso, sobre y contra este tiempo que nunca fue suficiente para usted. Calculo puntos de inflexion y máximos. Así me entretengo. Refino la asíntota sostenida en el ahora. Esa línea somos los dos. Es lo que queda de los dos.