Nachman (supongo) trabaja en teoría de números (o teoría de grupos) en Santa Monica y durante años le dedicó tiempo a pensar en la penúltima conjetura, un problema abierto propuesto durante la segunda guerra mundial. Nachman es reconocido por su lentitud y la solidez de sus resultados. Un día, Nachman se entera de que un colega reconocido por su trabajo en diferentes áreas ofrecerá una conferencia en San Francisco donde presentará su prueba de la penúltima conjetura. Nachman siente envidia y alivio. Envidia porque a veces sentía que ese era su gran problema pendiente, el que estaba destinado a resolver. Alivio porque ya no tendrá que pensar otra vez en él. Como sea, curioso de ver la demostración, de confrontarla con su autor presente, Nachman toma un avión de Los Angeles a San Francisco. Pero a los diez minutos de iniciarse la charla Nachman sabe en qué dirección va la demostración, y a la media hora sabe también que este colega renombradísimo ha cometido un error que Nachman mismo también cometió alguna vez, en uno de sus varios intentos de demostrar la conjetura. Esto lo llena de ansiedad, porque Nachman es tímido, le preocupa pasar por presumido y no quiere humillar en público a su colega, a quien siempre ha admirado, así que se contiene y espera que alguien más note el problema por él. Por desgracia, nadie dice nada y Lachman sufre sin saber cómo decirle al orgulloso conferencista que su demostración tiene un error fatal.

Aquí la descripción de Michaels de la penúltima conjetura:

The problem of the Penultimate Conjecture was formulated during the Second World War by brilliant English cryptographers who broke the German code Enigma. Germans, also brilliant, broke English codes. Obscure men, and some women, who had a knack for solving puzzles, analyzed the coded messages of the enemy so that nameless soldiers, sailors, and airmen could be blown to bits, drowned, burned alive. A proof of the Penultimate Conjecture would have no such practical consequences—at least none yet known—but for mathematicians, it was a glamorous problem indirectly associated with horrendous violence.
—Leonard Michaels, The Penultimate Conjecture