No sé en qué estaba pensando. Hoy, al almuerzo, serví la segunda ronda de batido de aguacate sobre el padthai de Mónica en lugar de en su vaso. Ansiedad. De regreso de la universidad, en el centro, vimos una aglomeración de adolescentes desesperadas por ver a Justin Bieber. O por no verlo, porque se supone que ya había llegado. Tenían pancartas con corazones y camisetas con su correo electrónico escrito a mano con marcador. El viernes decidí retomar mi vieja costumbre de ver documentales. Por la mañana, al desayuno, vimos David Daniel Johnston and the Devil. Luego de pasar por la universidad, donde los ratones mutantes recibieron otra dosis de su propia “medicina”, vimos Lost in la Mancha. Finalmente, hace unos minutos terminamos de ver Dear Zachary. Pesadísima. Me dejó muy triste.