Ella le dice que siente que la está dejando ir. Llora. Siempre llora. Más de la cuenta. El le dice que está tranquilo, que todo va a estar bien. Todo va a estar bien, dice él, le toca la cara, y ella lo repite y lo repite en el bus de regreso a su casa, que es una especie de hotel, hasta que en su cabeza deje de sonar como un consuelo y se sienta realidad, que es lo que ella quiere que sea. Creo que nunca deja de llorar, pero cada vez se nota menos. Podríamos indagar, hacer una incisión justo en este punto, donde/cuando todo está tan expuesto, y explorar los órganos internos de esta historia. Contextualizar. Podríamos pero no lo haremos por respeto a la historia. Por respeto a sus particularidades, que son lo que al final les queda, el trofeo por haber sido lo que quisieron ser. Diré apenas que es una historia con muchas canciones antes y después. Es una historia hecha, literalmente, de palabras. Una conversación que, ella sospecha, se prolongó demasiado. Por eso es que entiende y acepta lo que pasó. Todo va a estar bien, repite todavía de vez en cuando, y luego lo ve pasar, a lo lejos, a distancia infranqueable, y siente algo que parece bueno. Es feliz, le diría él.