Día fresco, casi frío. Cada vez estoy más convencido de que Melville tenía un propósito claramente humorístico al escribir Moby Dick. Digo esto porque en mi primera lectura de esta novela, cuando era demasiado joven para apreciarla, me pareció sobre todo seria y pesada. Esta lectura me ha reconciliado con la narración de Ishmael. Ahora me parece mucho más adolescente y divertida. Una novela de aventuras trágicas con acotaciones humorísticas. Ese humor raro de Melville, que le dedica capítulos al estudio frenológico de la cabeza del cachalote y otros a reflexionar sobre la posibilidad de que San Jorge no haya matado un dragón sino una ballena o a intentar explicar en tono enciclopédico cómo fue que Jonás pudo vivir entre una ballena, es una de las grande virtudes del libro. Me alegra haberme embarcado (verbo nunca mejor usado en este contexto) en esta relectura tranquila. Leo despacio últimamente, me cuesta muchísimo concentrarme. “You live your life as if it’s real, a thousand kisses deep.”

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(Leonard Cohen, A thousand kisses deep)