Hay dos ardillas en un árbol que se persiguen. Giran en torno al tronco, se ocultan, saltan de una rama a otra o se detienen súbitamente y cambian de dirección. Tienen rabia. Se odian. Quieren que la otra no tenga lo que cada cual cree que tiene. Una es negra y de cola esponjosa. La otra, gris y de cola achilada, como muerta. Cada tanto la que persigue atrapa a la perseguida, luego hay gritos, zarpazos y mordiscos que parecen resolutorios pero que sólo dan inicio a una nueva persecución con el mismo nivel de intensidad que la anterior. La vida sigue.