1

No hay palabras para esto. Hay palabras para quedarse sin papás o sin pareja, hace parte del ritmo natural de la vida, pero no hay palabras para el estado del que pierde un hijo y queda condenado a esperarlo de regreso para siempre (porque no puede ser, no es justo, que nos haya acompañado tan poco tiempo (tiene que haber más)). No se puede decir: ahora soy [adjetivo]. Soy huérfano es lo primero que se me viene a la cabeza cuando intento describir cómo me siento. Pero no es eso, es algo distinto. Es peor. Es una orfandad del futuro, de lo que venía. La falta de palabras precisas es una señal clara de que esto no debería pasar. Esto es imposible o al menos inaceptable: los hijos no se mueren. Los hijos no se mueren, no. Por eso no hay palabras. Por eso esta sensación de irrealidad.

2

Soy un papá sin su hijo, eso soy.

3

En inglés dicen bereaved, pero su significado es más amplio. Mi diccionario dice: “quien es privado de un ser amado mediante una ausencia profunda, especialmente si esta ausencia es debida a su muerte.” El término proviene de berēafian, que en inglés antiguo quería decir “ser privado/despojado” en general. Esta palabra fue usada por primera vez en 1799. Antes de eso las personas que tenían amor no se morían.

4

Tampoco hay mucho que decir. Ni ánimo. (“Since you’ve been gone, I’ve lost my cleverness/I have no eagerness.”) De ahí el silencio.