Para Óscar

Y creyeron en Él y a través de la Fé, que es como un té espeso, aprendieron a creer en sí mismos, en su capacidad para la grandeza, en el poder del individuo como entidad transformadora de la realidad propia, para empezar, y más tarde ajena. También empezaron a vestirse distinto. Todos tus amigos encontraron al Señor y te hablaron de Él cada vez que tuvieron oportunidad. Te hablaron y te dijeron que el Señor hablaba a través de ellos. Lo encontraron y dejaron el trago, la droga, la rumba y el sexo inconsecuente. Te invitaron a aceptarlo como tu Salvador, tu Guía, tu Mapa, tu Brújula cuando Lo Inaceptable te golpee. Un día te regalaron El Libro y te dijeron que allí encontrarías todas las respuestas a los interrogantes que te aquejaban, así lo dijeron, porque El Libro es intrínsecamente sabio, ungido por La Gracia del Señor. Tus amigos te dijeron que el Señor sabía por qué pasaban Las Cosas y te enseñaría a aceptarlas y no sucumbir a La Ira, que es El Pecado. Te dijeron que confiaras en su Sabiduría y convirtieras esa confianza en una balsa para cruzar el río de La Incomprensión. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dejaron solo. Pensaron que los acompañarías pero El Señor, para ti, es resignación, así que los dejaste irse tras Él y no te despediste porque hablaban en un idioma que no entendías. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dijeron que te amaban, que tú sabes que te quieren, que siempre te han querido y ahora no tienen razón para ocultarlo porque el Señor monopoliza el Amor, la Caridad y los Abrazos por fuera del protocolo. Tus amigos te aseguraron que si renunciabas a ese escepticismo pernicioso despertarías a un mundo donde todo tenía Sentido y Razón, y esa Razón, te prometieron, te llenaría el Alma de Paz, te permitiría reconciliarte con la Vida, te ayudaría a entender. Hay un Propósito, te dijeron. Hay Esperanza. Todos tus amigos encontraron al Señor y ahora es difícil reconocerlos por la calle cuando te cruzas con ellos y te saludan con esa voz de incienso, te preguntan por ti y bendicen al Señor por TODO LO BUENO. Gracias, Señor, dicen, Adorado Señor Misericordioso Que No Se Olvida, atención, Que No Se Olvida De Sus Hijos Y Sólo Quiere LO MEJOR Para Nosotros. Todos tus amigos encontraron al Señor y ya no tenías de qué hablar con ellos en las fiestas regulares de reencuentro de la promoción de 1994, así que dejaste de hablarles y los sacaste súbitamente de tu lista de amigos porque te cansaste de su amor inagotable y sus palabras de aliento que ya no significan nada, que nunca significaron nada pero ahora significan todavía menos. Te llenaste de rabia, acogiste el Pecado, y mandaste a la mierda a tus amigos y su amistad impostada de tanto amor vacío y tanto consuelo paranormal, pero ahí tampoco encontraste La Calma. Por eso, y porque tenías sed, fue que empezaste a tomar.