Los días son breves pero pasan lentamente. Me levanto y luego me acuesto. En los entretiempos hago cosas intrascendentes que milagrosamente me ocupan el tiempo que de otra manera dedicaría a rumiar tedio. A esto lo llaman sanar. Los gatos comen o pelean y yo los veo desde el sofá comer o pelear para distraerme, para no pensar. Cuando pienso, (me) pierdo. Los amigos escriben desde todas partes y yo los leo con aprecio y cuando estoy de ánimo les respondo y cuando no pues no porque qué más. Ahora tengo uno de esos dolores de cabeza que modulan su intensidad de acuerdo a si aspiro (sube) o espiro (baja), también tengo un poco de hambre pero todavía falta un rato para comer. Hay un helado de ajonjolí negro delicioso en el congelador que podría asaltar. Nadie lo notaría.