Día soleado. Casi que hace calor. Hago oficio en casa, leo ensayos sobre gramática cinematográfica y teorías conspiratorias sobre el final del final y pienso en mi charla del martes en McMaster, todo bajo el ritmo recurrente de Don’t stop believing de Journey. Los jueves, también, le dedico tiempo a los gatos: hablo con ellos, les presto atención. En clase ya empezamos a hablar de series de potencias, que es el tema de cierre del curso. Mañana por la tarde terminaré de calificar el examen del lunes. El domingo seremos turistas e iremos a una granja de árboles de arce a mirar cómo los ordeñan.

(Japan’s Devastating Earthquake, 1923)