Despierto a las 6:30. Vagabundeo más de la cuenta por la mañana. Como algo antes de salir. El tren es rápido, no lo siento. En Aldershot, una estación de tren rodeada de autopistas (casi que la definición de contrasentido), debo esperar cincuenta minutos hasta que llegue el bus que me lleva a la universidad. No hay información en ninguna parte sobre el sistema de pago. En la ventanilla una señora-robot me explica que debo pagar ahí, pero luego de comprar el tiquete de ida y vuelta descubro que no hay manera de que pueda regresar en bus a tiempo. De la estación a la universidad hay diez minutos. En el paradero de la universidad no hay mapas. No encuentro ningún mapa. Camino y camino y no hay mapas. Absurdo. Llevo el iPhone de Mónica conmigo, así que busco un mapa del campus pero no me ayuda, porque sólo tengo las iniciales del edificio que busco: HH. Para mi sorpresa, aunque parece que esa identificación por siglas es común, hay al menos cinco edificios en la universidad con esas iniciales. Me declaro perdido justo al frente de Hamilton Hall. Decido entrar. El recibidor está lleno de tableros. Tiene que ser ahí.

La charla salió muy bien. Les gustó. Creo que la disfrutaron. A mí también me gustó, aunque debo confesar que estoy cansado de hablar de esos resultados. Como sea, creo que presenta el tema de una manera efectiva y redonda. En Lorica, cuando era niño, mis compañeros de colegio utilizaban la palabra “efectivo” como los bogotanos usan la palabra “chévere”. Nunca la pude adoptar sin sentirme idiota. Luego de la charla hablé un rato con Patrick y Deirdre. También hablé con Eduardo, a quien no veía hace unos 12 años y que milagrosamente me reconoció. Yo tardé un rato en ubicarlo: tomamos juntos un curso de teoría de modelos en la universidad con Xavier Caicedo. Eduardo era estudiante de los Andes. Ahora termina un postdoc en Waterloo. Trabaja en grupos geométricos y low dimensional topology. La última vez que vi a Patrick fue durante mi visita en Waterloo, en enero de 2010. Acababa de enterarme de que estábamos embarazados de Mauricio. Patrick no sabía lo que había pasado y me preguntó por el niño. Creo que a la gente le choca que diga que “he died” en lugar de usar el eufemismo común “passed away”. “He died” suena mucho más drástico y duro. “Passed away” me suena a negación. También le hablé a Eduardo de la muerte de Mauricio. Es muy difícil hablar de (pensar en) mi situación actual sin mencionar eso. Está ahí, en el centro.

Así se ve el semáforo en la esquina cuando me quito las gafas: