¿Dónde estoy? Esta mañana me desperté en un tren, nevaba afuera. Era enero de nuevo, el segundo o tercer día de clases, y ya estaba cansado. Sentí como si llevara meses en ese tren. ¿Dónde estoy? Un asesino en serie cuelga hombres para que su hermana muerta y encerada los vea morir (y no se muera (o vuelva a vivir)). Hace unos días cometí el pecado imperdonable de la intransigencia: un estudiante se acercó al final de clase y me contó que había estado enfermo el día del segundo examen y no había podido ir al médico ese mismo día, así que la burocracia de la universidad no quería aprobarle la excusa por falta de prueba. Quería saber si yo podía hacer algo. Le dije que no. Le dije que no dependía de mí. Le dije lo siento pero no. Le creo, todavía luce enfermo (aunque no peor que yo), pero le dije que no. Podría aceptar, podría decirle bueno y ya, hacer que su examen final contara por el final y el segundo examen al tiempo, no me costaría nada, pero le dije que no porque hay reglas y yo estoy bajo las reglas porque las reglas me protegen. ¿De qué? Intransigencia, ya lo dije. Me siento mal por eso. No sé qué hacer. O sí, si sé. Hablaré con él el viernes.