Sábado nublado de ganas de nada. En el buzón tengo los ruegos de una estudiante (pensé en transcribirlos pero me abstengo) que tal vez será expulsada de la universidad por perder este curso (no es muy clara al respecto). Mónica (la guardiana de mi frágil estado emocional) opina que no debo responder, pero le respondo igual porque siento que hace parte de mis responsabilidades. Se merece una respuesta, así sea corta. No me cuesta nada y me tranquiliza. Me hace sentir que hice lo correcto. Le digo: No hay nada que yo pueda hacer. Le vuelvo a explicar con cuidado, suma a suma, de dónde sale esa nota final. Ella responde: No me diga que no hay nada que pueda hacer. Please find it in you to help me. Le digo: Lo siento, no está en mis manos. Me contesta: I don’t know what else I can do. Please don’t do this. Le digo: Lo siento muchísimo. No debió esperar hasta el último momento para pedir ayuda. Me da las gracias. Se disculpa. El hilo de mensajes tiene por título please please help me, como si fuera una canción. Lo archivo. Nueve mensajes en total. El último es de ella.