Y entonces dice: no es que tenga miedo de que el cielo sea siempre así. Yo sé que no será siempre así. Lo sé porque lo he visto cambiar. He visto el azul plural. Lo he visto irse y regresar. He visto los grises degradados de las nubes, el rojo que derrama el horizonte cuando el sol se posa o nace, al fondo del tren, y en un viaje al norte, cuando era niño, vi la aurora iridiscente flamear bajo la noche mientras mi papá se fumaba el último cigarrillo de su vida. Pero desde la sala miro el cielo, inmensamente blanco, vacío, y siento terror por mí y lo que nos espera. Pienso cosas que no quisiera pensar y si no las dejo salir, si no dejo que tomen el mando y me dirijan hacia la aniquilación segura y definitiva de lo que somos, no es porque oponga resistencia activa sino porque el miedo, el horror, o como quiera que se llame esto, no es todavía lo suficientemente intenso como para que me vea forzado a tomar decisiones de las cuales luego nunca pueda arrepentirme por pura ausencia.