El individuo son sus conexiones explícitas. El individuo es la suma de contactos que lo relacionan y singularizan dentro de un contexto social que el individuo habita y construye mediante la actualización/alimentación constante de su representación digital, que es por lo general una versión refinada del individuo donde este se expone en vitrina, de manera segura, para ser apreciado y, en lo posible, vinculado. La vinculación es el objetivo. Como tal, es promovida y premiada. La vinculación expande al individuo, lo enriquece a ojos del sistema y por retroalimentación a ojos de sí mismo. Así, el valor del individuo aumenta (¿exponencialmente?) con el número de vínculos activos que mantenga. La actividad del vínculo se mide por el ritmo de interacciones que el individuo tiene con el contacto dado. La calidad de estas interacciones, en tanto que no es medible, es irrelevante. El medio promueve la brevedad pues la ganancia social neta de un intercambio vacío es de cualquier modo positiva. El sistema está diseñado para maximizar el nivel de actividad en cada acceso. Por otro lado, el sistema exige mayor compromiso al individuo en la medida en que este se involucra y participa, lo que da paso a una suerte de co-dependencia. El sistema es un artículo de consumo que consume. Aspira a convertirse en el espacio primario de socialización del individuo, un espacio donde el individuo esté siempre y por siempre disponible y atento al flujo de información que la red resuena. El sistema es una caja de resonancia que domestica la propaganda. No hay creación en el sistema, sólo la reiteración constante de eslóganes mutados hasta hacerlos parecer propios que se transmiten sobre olas confusas de aprobación o rechazo. El sistema reafirma al individuo en sus certezas, esa es su recompensa. En su red local, compuesta por iguales complacientes, el individuo siempre tiene la razón y hace lo correcto. A cambio, el individuo otorga elogios, aplausos y reconocimientos que son en últimas para sí mismo. La red social privilegia la interacción positiva superficial y esto a su vez promueve la perdurabilidad innecesaria de vínculos que de otra manera serían efímeros. Una colmena de desconocidos que alimentan la cera que los atrapa en pequeñas celdas hexagonales donde, en su soledad de ecos, tienen el privilegio falso de sentirse uno y todo con el mundo.


Creo que es el análisis de las redes sociales más lúcido que he leído.
Muy bueno Javier.
Aunque estoy en descuerdo con aquello de que “la calidad de estas interacciones, en tanto que no es medible, es irrelevante”. Puede que no sea medible, que la calidad de la interacción solo la pueda ser evaluada propiamente por cada uno de los actores, pero eso no la hace irrelevante. Ahora, puede que para el diseño del sistema, e.g. el diseño de la red/software de twitter, la calidad sea irrelevante, pero si para los usuarios lo fuera el sistema se vendría abajo.
Quisiera pensar el asunto menos en clave de identidad dentro del sistema, y más en clave de subsistema dentro de universo más extenso de interacciones, en particular políticas. Cómo impacta el subsistema en las relaciones de poder y dominación?
Con respecto a lo primero, sí, tiene razón: a mí me interesa muchísimo la calidad de la interacción, pero al sistema definitivamente no. Y de hecho no la promueve en lo más mínimo. Incluso se podría decir que en ocasiones la impide. Como le decía en twitter, el texto está pensado desde la perspectiva del “sistema” (que es sordo y ciego y se alimenta de tráfico).
Con respecto a lo segundo, mi impresión es que el subsistema puede, en ciertos contextos, acelerar la difusión de ideas y propuestas. Pero hay que entender que estos medios son completamente dominados por la industria del entretenimiento y las agencias de publicidad. Esas son las entidades que realmente deciden los temas a discutir. Y con esos temas es con los que es necesario competir para generar discusiones políticas amplias ahí. Jodido (y cada vez más).
También está el asunto de a partir de qué momento lo que ocurre politicamente la red resuena/impacta afuera. Mi impresión es que se necesita que el acceso a la red sea más democrático y amplio. Por lo pronto es claro que en Colombia el músculo político de la población en línea es nulo. El ejemplo paradigmático es la Ola Verde, pero hay más. Algunas personas han dicho que las famosas marchas contra las FARC de hace unos años eran un éxito de las redes sociales. Morozov, sin embargo, había sugerido en algún ensayo (ahora no lo encuentro) que no era así: simplemente los medios tradicionales habían decidido impulsar la iniciativa en línea, pero no porque fuera un movimiento imparable sino porque era coherente con la línea ideológica mayoritaria en los medios y el gobierno en ese momento, y era el impulso de estos medios tradicionales el que había generado la respuesta (con las redes sociales, eso sí, como herramientas de coordinación). Una prueba de que Morozov puede tener razón es una iniciativa similar que surgió hace pocos meses en Twitter y Facebook y que estaba identificada con el hashtag #MarchaContraLasFARC. El número de personas involucradas en la promoción de la vaina en Twitter y Facebook era altísimo, pero el clima ideológico “arriba-afuera” ha cambiado y los promotores de esta marcha entre otras cosas sugerían que Santos estaba flaqueando en su política anti-insurgente, así que de cierta manera era “anti-establecimiento”. Como resultado, poquísimos medios le dedicaron atención y/o la promovieron (las excepciones fueron el programa de Claudia Gurisatti, que entrevistó a la organizadora principal, y el diario El Colombiano). Cuando el momento llegó, en la Plaza de Bolivar se reunieron no más de veinte personas. En Medellín, donde más promoción tuvo gracias a la atención de El Colombiano, difícilmente llegaron a los cien. Así, parecería que al final los que siguen decidiendo son los medios tradicionales. Tengo la teoría de que las revueltas actuales en España desaparecerán de los medios dentro de muy poco y a partir de ahí será cuestión de semanas para que en Sol y P. Catalunya queden cinco perroflautas debatiendo incesantemente sobre la libertad (o no) de los animales en el zoológico.
El tema es muy amplio y muy complicado. A mí me gusta mucho. Con Sergio (@galactus en twitter) estamos ahora mismo estudiando cómo se transmiten los Trending Topics (TT) entre países (si se transmiten) y también dónde nacen los TT en cada país. Queremos entender mejor cómo se generan y desarrollan. Espero que pronto podamos tener un reporte al respecto.
Espero también ese reporte!
Me parece que otro estudio de caso clave son las “spring revoluctions”, Egipto sobre todo. A primera vista parecerían contrastar con la ola verde y con las manifestaciones españolas. Quizás para entender el efecto de las redes en esos casos habría que referirse a las “enemistades políticas” del caso — muy distinto Mubarak a Uribe al estado de bienestar español.
Igual, como ud dice, la cuestión del acceso a conectividad es clave, y clave es también el diseño de las redes, la promoción de “trends”, etc. (me parece que, comparado con FB, Twitter es minimalista, uno de sus atractivos.)
También me pregunto cuánto se puede decir en general acerca del efecto de estas redes. Son instrumentos muy complejos e impredecibles, yo creería demasiado complejos para ser controlados efectivamente por los programadores, los medios o los poderosos.
1. Las redes en la Spring Revolution creo que fueron más útiles para ganar atención internacional (y subvertir la censura del régimen en cuanto a la transmisión de imágenes de lo que pasaba) que para organizar y correr la voz internamente. El medio de preferencia en Egipto, según tengo entendido, eran los mensajes de texto virales por celular (por eso en un cierto punto los servicios de telefonía móvil fueron deshabilitados a nivel nacional).
2. El minimalismo de Twitter es muy práctico a la hora de difundir pequeños datos. Eso lo hace el target perfecto para campañas publicitarias de productos o personas. Como decía ayer, tal vez lo que me incomoda del medio es cómo ha pasado a sustituir buena parte de la interacción posible en línea. A mí me parece que Twitter tiene una utilidad precisa, y puede ser aprovechado mejor individualmente, pero no es práctico para el 80% de las cosas sociales que yo quisiera hacer en línea.
3. Tiene razón en que son instrumentos complejos y parecerían muy difíciles de controlar. Sin embargo, dado que el medio promueve cierta superficialidad de la interacción, algunos contenidos son más fáciles de difundir que otros. Twitter se alimenta de lo que pasa en televisión. Esa es la fuente principal de estímulos. También se alimenta de eslóganes, de promociones, de noticias urgentes. La competencia es dura. El número de personas que sigue un usuario promedio aumenta constantemente. El span de atención de la comunidad es reducidísimo (piense en vida útil de un TT). Los memes que aguantan son aquellos que tienen infraestructura (dinero) detrás para mantenerlos vivos. Ahora además se está llenando de nombres de marcas humanizados por agencias de contenidos digitales que interactúan con los usuarios para volverlos individuos cartel. Mi sospecha es que cada vez se volverá más difícil promover ideas políticas ahí, a menos que la práctica que uso del medio cambie radicalmente. (Esto que escribí hace un par de días está relacionado.)
[...] Tengo la impresión, sin embargo, de que esta falta de control local de los espacios personales en línea reduce el sentido de propiedad de la red en general. En cuestión de diez años y sin mayor resistencia de nuestra parte hemos pasado de una red de pequeños espacios (relativamente) autónomos a una red de empresas que imponen las maneras de estar presente e interactuar. [...]
[...] básica: para difundir es necesario diluir hasta que sea efectivo en una red social (aparato que privilegia (y premia) la vacuidad). Su objetivo, no importa lo que digan los románticos, no es popularizar una causa o crear [...]
[...] a la empresa administradora de la red). Cada vez con más frecuencia la inactividad en estos servicios se equipara a la inexistencia (virtual). A cambio de muy poco (¿entretenimiento? ¿socialización [...]
[...] imponen para incentivar su uso (al fin y al cabo antes que nada son negocios) generan una suerte de minimalismo social basado en la urgencia (de saber, de tener, de recibir, de estar y ser). Las redes sociales no son [...]