Violencia. Dos lobas patean a una mujer en en suelo del McDonalds, a la salida de los baños. Mientras una de las dos la patea y la pisa, la otra la agarra del pelo con las dos manos, del brazo izquierdo cuelga la cartera, y la arrastra tres o cuatro metros hacia la cámara. Alguien, un señor de camisa azul, intercede. Las separa. Una de las dos, la pequeña, insiste: le da una palmada fuerte, y con anillos, en la cara. La violencia real es sucia, no admite sutilezas. Le hace falta la coreografía, la sincronización, que la hace, en circunstancias controladas, apta para todo público con supervisión de adultos. Pero la realidad no otorga ese tipo de concesiones ni se conmueve. Por eso cuando el héroe incidental de azul aleja a la de la palmada, la otra vuelve en carga en la dirección de la toma y patea la cabeza de la mujer una vez más. La violencia real también es más difícil de contextualizar. Las motivaciones están fuera de nuestro alcance. No hay un preludio que nos prepare para lo que vemos. La escena se inicia a la salida del baño, entre los aullidos de las lobas y los gritos de la mujer en el suelo. No se entiende nada. Las dos lobas se alejan y gritan desde afuera de la toma, que es vertical (formato que refuerza la sensación de que lo que pasa está pasando de verdad), mientras la mujer se levanta y se recuesta contra la pared. Ahí está sentada en el suelo contra la pared, al lado de la puerta del baño de hombres, con una mano en la cabeza. La cámara improvisada es hábil: mantiene la atención (la tensión) en la víctima pero sugiere la presencia de las lobas rabiosas con tomas fugaces hacia los lados. El peligro persiste, nos sugiere, y efectivamente, cuando el héroe incidental cruza la toma de camino a su mesa, loba número dos aparece y lanza una patada frontal con tacón alto a la sien de la mujer sentada, que cae de nuevo. El de azul se devuelve con algo en la mano y la loba, atemorizada, se aleja. Todo parece terminar ahí. Hay un altercado a gritos pero no hay más golpes. Las mujeres se van del local pero no por mucho tiempo. Regresan, quieren más: la pequeña se lanza contra la mujer, que está de pie pero todavía en recuperación. Esta pelea es más equilibrada. La mujer alcanza a reventar a la pequeña contra la puerta, pero entonces llega la más grande y la golpea por la espalda, luego la agarra del pelo y la lanza contra el suelo. La mujer intenta escapar a gatas pero una patada en la espalda la tumba. Ahora la pequeña la arrastra del pelo por el local. Cruza el local entero con esta mujer del pelo y la otra pateándola. Una mujer vieja intenta intervenir. Les dice que la suelten. Hay más golpes. Más arrastre y gritos. La vieja logra separarlas. Los empleados de McDonalds, detrás de cámaras, comentan el incidente entre risas. La mujer yace inmóvil junto al contenedor de basura a la salida del restaurante. Ahí la dejan. La cámara se acerca. La mujer convulsiona en el suelo y golpea repetidamente la cabeza contra la pared. Los brazos y piernas, inertes, se mueven a saltos, sin control. Gritos. Confusión. Sangre. La cámara nunca se detiene. Corte a comerciales.