Se supone que aquí hay una reiteración minuciosa de la rutina de la nada que domina los fines de semana. En su lugar, quisiera aprovechar este espacio que los editores de esta prestigiosa publicación me conceden con tanta amabilidad a cambio de mis servicios como conserje (del francés concierge) para promocionar la idea impopular de que (a menos que usted se gane la vida como vendedor de Herbalife, pregúnteme cómo) el desgaste de las amistades es un proceso natural y sano y por eso es insensato (si no nocivo) mantener contacto activo con todas las personas que se encuentran en la vida. Creo que en esta sociedad de hiperconexión e inmediatez es necesario defender con furia el derecho a no estar permanentemente disponible y a no mantener relaciones vacías de actualización regular (y sistematizada) con personas cuyo contacto no aporta a la vida nada diferente de tedio y molestias que hay que disimular por cortesía. La vida es demasiado corta para eso. Lo invito a filtrar. Invierta su tiempo en amistades de verdad.