Compramos rosales para sembrar en el balcón. Queremos sillas para sentarnos a recibir el sol los fines de semana. Por estos días, el tiempo se acumula como la nieve en las esquinas del invierno. Dedico una fracción del día a mantener el apartamento limpio y en orden. Cocino por las tardes. He reducido un poco (aunque no tanto como desearía) mi presencia en línea. El objetivo principal es escribir. Pero sufro de falta de propósito (o de autoconfianza) y asaltos regulares de ansiedad relacionados con este mal. Intento sublimarlos de manera parcial en la cocina, la lectura, los oficios y con los gatos. Estoy triste. Pienso mucho en Mauricio y en la muerte. Por eso, para evadir eso, para no pensar de más, escribo aquí sobre la guerra, los bombardeos, el miedo y las emisoras de emergencia donde anuncian el fin y entrevistan cuerpos que no hablan. Asímismo voy todos los días, muy temprano, a mirar a las gallinas, abastecer los comederos y recolectar los huevos. Los pongo en una canasta y los cuento al llegar a la cocina. Luego los meto a la nevera. Hoy pusieron diez. Tenemos muchos más de los que necesitamos.