I. se mató hace dos dias en un accidente de moto.

Se sumará a los innumerables muertos e incapacitados que el motociclismo produce en estos pueblos de la costa. Pero I. no solo se mató en una moto, a ella la vida la atropelló desde pequeña.

A los 10 años quedó embarazada y tuvo una niña que se crió junto a ella como si fueran dos hermanitas. El papá de la niña tenía 13 años y nunca salió de sus asombro de pensar que había sido capaz de procrear una hija en su primer intento de explorar el sexo con la vecinita y amiga de toda la vida.

Posteriormente, I. trató de terminar sus estudios de primaria. Dejó el bachillerato por la mitad. Se enganchó con varios hombres en su vida. De uno de ellos obtuvo otro hijito. Trató de beberse la vida. Había acelerado tanto que no le dió tiempo de nada. Terminó bajo las ruedas de un carro conducido por un ex juez borracho y drogadicto.

Llego viva al hospital con una pierna destrozada. Los medicos lucharon por salvarle la pierna. Hicieron hasta lo imposible pero no lo consiguieron.

Amputaron la pierna y eso fue un golpe mortal para ella. Se encerró dentro de si misma, no pronunciaba palabra y finalmente se murió de pena moral a los tres dias de la cirugía.

Tenia 27 años, dos hijos y un nieto.

Cuando quedó embarazada a los 10 años, no habia tenido su primera menstruación. Jugaba en la mesita de mi consultorio y la mamá me dijo: “¿No le parece que la niña esta como barrigona?”. Yo, por llevarle la idea, la acosté para examinarla e inmediatamente pense que la niña tenia un tumor de ovario o algo peor.

La ecografia nos mostró un embarazo de mas de 6 meses. Ella estaba tan asombrada y asustada como nosotras.