Doce (12) hombres armados provenientes del norte llegan al pueblo a pie por la carretera principal. Son las siete y media de la noche, apenas se termina el noticiero. A la entrada de pueblo se cruza en su camino Rogelio P. (34, dos hijos, campesino. Dos impactos en la cabeza). Más adelante, a dos cuadras de la plaza, encuentran en una esquina a Juana S. y Laura A. (17 y 18 resp., estudiantes. Decapitada y estrangulada resp.). En la plaza central del pueblo, junto a la estatua de Bolivar conversan Mario J. (56, cinco hijos, tres nietos, comerciante. Tiro a quemarropa en la frente), Tatiana M. (27, maestra. Violada y descuartizada), Fabricio R. (31, tres hijos, mecánico. Colgado y sodomizado), Juan Antonio S. (39, dos hijos, sacerdote. Castrado y luego ejecutado a machete) y Polo Q. (45, un hijo, empleado del banco. Fusilado). En la tienda y miscelánea en la esquina noroccidental de la plaza, por su parte, departen Tulio I. (21, campesino y psíquico. Apuñalado), Fabio A. (24, auxiliar de enfermería. Mutilado y abalaeado), Marco Aurelio R. (12, estudiante. Quince impactos en el tórax), Yuri T. (19, dependiente y vendedor de helados. Destripado), Carolina T. (22, mesera. Violada y estrangulada) e Inés D. (45, dos hijos, comerciante. Apaleada). Nadie opone resistencia. Cada cual recibe su muerte sin lamentos ni ruegos innecesarios. Los gritos son acallados con golpes, balas y machetazos. El silencio resignado del pueblo todavía vivo presencia el espectáculo desde las casas a oscuras donde todos tiemblan. Nadie duerme. Las sombras de los doce (12) hombres recorren el pueblo toda la noche, dejan notas debajo de las puertas (que hablan sobre el ejemplo, la rectitud, la moral, los principios y el futuro de la región) y disparan contra las ventanas. A las seis se van.


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