El Botánico responde preguntas en la radio todos los días por una hora. Lo llaman Maestro, Dóctor o Santo. Le piden ayuda. El Botánico recomienda infusiones y mejunjes por lo general amargos porque, como él dice, el amargo es el sabor del veneno pero también es el sabor de la magnitud de La Verdad. El Botánico nació en la ciudad pero a los veinte años viajó a La Sierra, donde aprendió El Arte directamente de los Viejos Espíritus y descubrió su Nombre Auténtico, Mallasca, que en la lengua antigua quiere decir El Mensajero de la Última Revelación. También allá perdió el pelo. Maestro, cúreme, le dice una señora por teléfono. Qué te aqueja, hermanita, le pregunta el sabio. Estoy perdiendo la vista, Maestro. Percibo miedo en tu voz, hermanita. Cuéntame, ¿has renunciado a La Maldad? He renunciado, Maestro. He seguido sus instrucciones y he preparado el Repositorio de la Luz. ¿Lo tienes contigo? Sí, señor, aquí está. ¿Sobre el aparato de radio? Sí, Maestro. Haz hecho bien. Dime, hermanita, ¿crees en el poder de La Luz? Creo, Dóctor, sí creo. Entonces levanta tu corazón. Ya lo tengo levantado hacia El Señor, Maestro. Más alto, amiga, El Señor te escucha ahora. El Señor sabe lo que quieres. Lo siento adentro mío, Maestro, ¡se mueve! Háblale, hermanita, dile lo que sientes. Señor, no me abandones. Hermanita, el poder del Señor te alcanza a través del Repositorio de la Luz. Bebe el brebaje bendecido y siente cómo La Luz del Señor te cobija. No desperdicies una sóla gota del Simiente Santo. Siente El Poder Infinito de La Luz en ti. Siente cómo recorre tu cuerpo. Lo siento, Maestro. No pidas disculpas, hermanita, más bien repite conmigo: Soy un Receptáculo de su Voluntad. ¡Soy un Espectáculo de su Voluntad! Soy un Siervo de la Bondad. ¡Soy un Siervo de la Bondad! Soy un Esclavo de su Misericordia. ¡Soy un Esclavo de su Discordia! ¿Has pecado, hermanita? Sí, Maestro, he pecado. ¿Te arrepientes? He pedido perdón al Señor. El Señor es Pura Compasión, hermanita. El Señor te escucha y te perdona. ¡Maestro, siento calor! Desnúdate, hija mía. ¡Maestro, veo Tigres! Aleluya, hermanita. Aleluya. Maestro, siento que estoy en otro cuerpo. ¡Puedo volar, Maestro! Elévate, hermanita en Cristo, eres un Cóndor. Extiende tus alas y elévate, surca el cielo. (Graznido incomprensible, ruido de alas.) Hermanitos, este es otro Testimonio del Poder del Señor Todopoderoso, nuestro Pastor, nuestro Pescador. Esta hermanita en Cristo ha recibido La Orden y ha adquirido su Cuerpo Natural. El Repositorio de la Luz ha obrado el Milagro. El Señor se manifiesta hoy una vez más. Acepta la Fe. Ábrele las puertas de tu Espíritu al Señor y Dador de Luz.