El robot muere aunque nunca haya estado vivo. El robot piensa (?) que la muerte es un estado de consciencia nulo donde El Procesador desactiva sus funciones complejas y sólo responde a necesidades puntuales de abastecimiento y mantenimiento de tejidos. En realidad es más complejo. En su cubículo de reposo, donde el robot muere a intervalos regulares, el robot debe elegir uno entre millones de posibles paquetes de estímulo sensorial que permitan que, según dice el protocolo abierto de ejecución existencial, su tránsito hacia el Más Allá no perturbe sus Configuraciones Esenciales. El robot está dotado con diecisiete órganos sensoriales estándar más doce o trece de carácter experimental sólo disponibles en modelos de su clase y timestamp. Los paquetes de estímulo sensorial más comunes requieren el uso de al menos veintitrés canales de acceso. La combinación de señales que bombardean los canales de acceso sensorial del robot constituyen un mensaje improcesable por su Centro del Lenguaje (y por tanto invisible a la Consciencia Activa del robot) pero detectable por parte de su Centro de Comando Pasivo (CCP), que por medio de rutinas de uso restringido lo desencripta y retransmite internamente a unidades puntuales de experiencia por fuera del alcance consciente del Procesador Principal. A nivel perceptual, el robot experimenta placer. Placer infinito en grado y extensión, inimaginable dentro del rango de parámetros de recompensa autorizados, que sobresatura su sistema. Música erótica para robots. Música robótica para erots. Una vez ahí, el paquete de estímulo libera instrucciones subrepticias al Procesador Principal que actualizan y reinician su sentido de identidad de manera aleatoria, impidiendo así el establecimiento de un estado individual robusto que ponga en riesgo su docilidad, su sentido de lealtad al Organismo, su sumisión a La Tarea. Entonces, y sólo entonces, el robot muere. Trecientos sesenta ciclos más tarde, cuando los procesos de compilación y enlace han concluído, el robot recobra su consciencia y con ella el deseo intenso de servir.