Ayer, antes del partido entre Miami y Dallas, los comentaristas de ABC discutían unas declaraciones que había concedido a la prensa uno de los jugadores de los Miami Heat. No recuerdo cuál sería. El jugador decía, en respuesta a Dios sabe qué pregunta, que él iba a jugar este partido de ayer (que finalmente perdieron, por cierto) como si fuera el más importante de su vida. Pero luego se corrigió y aclaró que efectivamente era el más importante de su vida. Los comentaristas discutieron el significado de la frase por al menos cinco minutos. Lo del “partido más importante de su vida” los descompensó. ¿Qué podía querer decir eso? Uno de los comentaristas, el más veterano, anotó que todo partido de un jugador profesional es por definición el más importante de su vida porque los partidos pasados ya pasaron y los partidos futuros no han llegado, así que sólo queda el partido presente, el que puede efectivamente cambiar cosas, y por tanto ese partido debe ser considerado siempre el más importante. De ahí se desprendía que el jugador había dicho en realidad una trivialidad. El otro comentarista, un viejo jugador de baloncesto sin un ojo que oficiaba como invitado especial, dijo que el joven deportista estaba de hecho equivocado: el partido más importante de su vida no era el que jugaría pocos minutos más tarde sino el siguiente partido de la serie, el partido número seis, de vuelta en Miami. Su argumento era el siguiente: la serie en ese momento se encontraba empatada 2-2. El partido que se jugaba ayer era el último que jugarían en Dallas. Si Miami ganaba este partido, el siguiente partido le daría la posibilidad a los Heat de ganar el campeonato. Y si Miami perdía, el siguiente partido le daría la oportunidad de impedir que los Mavs ganaran el campeonato. El partido de ayer en realidad no era decisorio. Ganaban o perdieran, el siguiente sería muchísimo más crucial. En ese sentido este no era tan importante. El del domingo, en cambio, lo puede decidir todo. Luego de escuchar con atención su punto, el pánel de ABC en pleno hizo silencio por cerca de diez segundos (hecho inaudito en la historia de la NBA). Todos lucían tremendamente confundidos. Finalmente, el comentarista joven y risueño preguntó que qué pasaría si el jugador moría de aquí al domingo en un accidente o algo. El tuerto respondió que, vivo o muerto, ese partido ya era una realidad. “Cuando estás ahí abajo juegas todos los partidos por anticipado”, agregó.