Tal vez la homofobia en Colombia tenga raíces religiosas, pero es evidente que se extiende mucho más allá de la esfera religiosa. La homofobia en Colombia es endémica. Proponer a la Iglesia Católica (o a la Conferencia Episcopal (o a los cristianos en general)) como blanco principal de las críticas y cánticos en contra de la discriminación es un juego fácil pero estratégicamente inocuo. Es inocuo porque aunque la Iglesia efectivamente ejerza presión política para impedir que se adopten legislaciones más progresistas al respecto, sus razones para sostener estas posiciones son dogmáticas y difícilmente manipulables a través de la protesta. De alguna manera se podría decir que, como sugiere Mauricio, ser homofóbicos es parte de su misión. En las sociedades donde se ha llegado a una actitud más positiva al respecto de la homosexualidad la Iglesia Católica igual persiste en sus citas a Levítico 18-20 y sus memorias delirantes de lo que pasó en Sodoma.
Dado lo anterior, pienso que el objetivo de las campañas contra la homofobia no debería ser la Iglesia, sino aquellas personas que ejercen la homofobia no por convicción religiosa sino por costumbre, que son casi todas. Un sector amplio de la sociedad colombiana urbana tiene una relación distante con la religión y difícilmente presta atención a las necedades de los curas con respecto a la sexualidad (usan métodos anticonceptivos, tienen sexo antes del matrimonio, &c.), pero aún así mantiene actitudes homofóbicas basadas en prejuicios, ignorancia y miedo a la diferencia y lo desconocido. He ahí el verdadero obstáculo. En Colombia el índice de homofobia personal es esencialmente ortogonal a la afiliación política: aquellos que se autodenominan “de izquierda” o “progresistas” tampoco quieren maricas de vecinos, prefieren negros, y eso que también son racistas (ver el Latinobarómetro de 2009). Los activistas deberían reducir sus intentos de acallar a los curas y más bien concentrar sus esfuerzos en ganar la solidaridad y el apoyo de este sector que describo. Mientras que la batalla contra la discriminación de los homosexuales sea percibida como una causa de los afectados (una minoría pequeñísima y para colmo mayoritariamente invisible por culpa de la misma homofobia) y no como un problema social amplio, un problema relacionado con nuestra relación negativa con el sexo, la intimidad y lo raro, las pequeñas y agónicas victorias en las cortes y el congreso serán frágiles y siempre correrán el riesgo de dar marcha atrás.

Amén.
(valga la ironía de expresar acuerdo con este artículo utilizando una expresión que viene de la religión…)
Muy de acuerdo, yo soy Católico creyente y prácticante y no soy para nada homofóbico. La homofobia la lleva cada persona por dentro y pienso que hay tantos homofóbicos en grupos muy religiosos como en los más agnósticos de la sociedad.
Me llama la atención la actitud de los hombres a mi alrededor —jóvenes en un ambiente supuestamente progresista— según la cual es imperativo expresar rechazo enfático hacia todo lo que denote homosexualidad como si en el gesto reafirmaran su propia virilidad. Es de notar que en este caso “virilidad” es necesariamente igual a “heterosexualidad”.
Siento que la homofobia en los jóvenes no viene directamente de la moral discriminatoria impartida por la Iglesia, sino del adoctrinamiento machista recibido dentro de la familia con el fin de “educar” a los hijos en sus roles de género. Esto es aún peor porque el odio ya no proviene de una institución religiosa que están en capacidad de cuestionar, sino de la tradición y de lo que se cree que es la formación de identidad, lo que es muchísimo más difícil de poner en tela de juicio.
El reto respecto de la homofobia no es, como la gente tendería a pensar, “aceptar a ‘los otros’”, sino movernos hacia una sociedad donde la identidad sexual no se forje con base en la orientación sexual. Necesitamos que nadie se sienta menos hombre o menos mujer o menos lo que sea por atraerle un sector u otro de la población.
Estoy totalmente de acuerdo con Olavia… la homofobia viene del miedo que produce la diferencia, porque ese ser que tomó una opción diferente me hace cuestionarme sobre quién soy yo… porque si para ser “hombre” o “mujer” no se puede ser ni siquiera ligeramente “homoafectivo”, entonces el ver al otro con su opción sexual y de genero me cuestiona, porque como dijo Kinsley, entre la escala de “heterosexual absoluto” y “homosexual absoluto” hay una larga gama de tonalidades (de todos los colores creo yo).
De la negación de esa escala, de la negación del hecho de que muy poca gente es totalmente 0 o totalmente 6 viene el miedo y la necesidad de etiquetas y la exclusión de lo diferente.
La homofobia y la catolifobia son problemas muy similares de prejuicios en cierto sentido contra lo diferente… es mejor evitar.
La diferencia es que ninguna ley en Colombia discrimina a una persona por ser católica (entre otras porque la gran mayoría de políticos colombianos se identifican como católicos y prestan cuidadosa atención a los obispos). Ni hay católicos demandando por que los traten igual que a las demás personas. Ni los niños se suicidan porque en el colegio los molestan por ser católicos. Ni los papás les dicen que no los quieren volver a ver por ser católicos. Ni a las personas las despiden de sus trabajos cuando descubren que son católicas. Etcétera.
No se debe discriminar ni juzgar a nadie por sus creencias ni por sus tendencias sexuales, religiosas etc, Me parece que ud cae en lo mismo que critica; juzga injustamente a los católicos y a los curas en este artículo (así diga que no), lo cual es un poco una contradicción.
Yo creo que uno sí puede juzgar a las personas por sus creencias. Uno siempre puede hacer eso. Pero no puede convertir sus creencias discriminatorias en ley, que es lo que la iglesia católica pretende que pase.
Curiosamente aquí arriba Camilo Acosta, que sí es católico creyente y practicante, no como usted, no parece ofendido ni contrariado en lo más mínimo por mi opinión.
Negar que la iglesia católica es activamente homofóbica (y machista, entre otras gracias) es necedad. Usted me acusa de anticatolicismo infundadamente porque en este texto soy crítico de algunos aspectos de lo católico (así como en otros lugares reconozco también algunas actitudes positivas), los católicos, en cambio, dicen que las personas homosexuales practican “abominaciones”, cometen pecado, están enfermos y deben ser “curados”. ¿Quién es el fóbico?
(No sobra decir que esta entrada era precisamente para que los activistas en contra de la homofobia no caigan en el anticatolicismo fácil, que me parece pernicioso e injusto.)
Son temas delicados que causan controversia. Y si usted mete la homofobia con la religión en el mismo párrafo, hilando lo uno con lo otro tan olímpicamente está creando una bomba en potencia…
En cualquier caso lo mejor es evitar ser agresivo o burlón sobre temas como la homosexualidad, la iglesia, la religión, el catolicismo, dios, la teología etc… A mí personalmente si me causa contrariedad eso porque no entiendo a que obedece.
Yo con gusto no metería a la iglesia en esas discusiones si la iglesia no se metiera solita.
Yo creo que J. nunca habló de religión. El mencionó a la iglesia católica, que si es una institución muy corrupta. Para la muestra:
http://www.nytimes.com/2011/07/24/books/review/inside-scientology-and-render-unto-rome-book-review.html?pagewanted=all
El respeto no puede llevar a la permisividad.
Estoy de acuerdo con los comentarios de Olavia Kite. Sorprende la actitud entre mucha gente joven (supuestamente progresista), que parece provenir más de los miedos de la sociedad (miedo a todo lo que sea “otro”, todo lo que sea “raro”, todo lo que provoque salida de cierto “equilibrio”) que de la misma iglesia.
Por otro lado, por contraste, celebro el que hoy en día se esté dando a cabo algo de “debate” en los medios. Creo que cierta parte de la nueva generación tendrá la oportunidad de juzgar sus propios miedos, sus propias (pseudo-)identificaciones un poco mejor.
Y sí, sería muy bueno que la iglesia no se auto-invitara a esas discusiones.
[...] might have religious roots in Colombia, writes Javier Moreno in Rango Finito [es], but Javier says that campaigns against homophobia should not focus solely on the Catholic [...]
Los homofóbicos más militantes (curas, políticos, padres de familia, etc.) suelen ser gais reprimidos que pretenden imponer a la sociedad las restricciones que ellos mismos se han trazado. Cuanto más fuerte sea en ellos la pulsión homosexual reprimida, más rabiosa será su militancia anti-gay; pues la aceptación social de la homosexualidad supone para ellos un peligro psíquico: reconocerse a sí mismos en el espejo que es el rostro del otro. La iglesia católica y el partido republicano ofrecen varios ejemplos notables (ver Roy Ashburn). Diría que la aceptación social de la homosexualidad estaría supeditada a que una fracción de los homosexuales (los reprimidos) acepten a los liberados, pero pienso que el asunto va aún más lejos : todos somos homosexuales y debemos asumir en nosotros mismos esta realidad o cuando menos esta potencialidad. No se trata solamente de reconocer los derechos del otro, sino de reconocer en nosotros mismos el derecho a ejercer una sexualidad abierta, más allá de los antagonismos hombre-mujer, heterosexual-homosexual. Pienso que por eso hay tantas resistencias, porque se trata no de un problema de minorías sino de mayorías. ¿Ya olvidamos nuestros juegos homosexuales infantiles?
No creo que los homófobos más militantes sean gais reprimidos. Que haya casos no demuestra nada. Pienso que la homofobia más perniciosa es la de los que no son tan militantes. De los pasivos que simplemente se asquean y dicen que todo bien con los maricas mientras que estén bien lejitos. Esos son los que finalmente determinan e impulsan la discriminación más amplia.
No, Javier, no ha comprendido mi argumento: no digo que solo los más militantes sean gais reprimidos, sino que incluso los menos militantes lo son y que también usted y yo lo somos en alguna medida. Tratando de parafrasearlo, me parece que la diferencia de posiciones radica en que para usted la gente es homofóbica por una suerte de inercia en las costumbres (se ha desdibujado la religión, pero persiste su moral), y yo opino que nuestra incapacidad para aceptar la otredad corresponde a una incapacidad para aceptarnos a nosotros mismos, para vivir una sexualidad abierta. La pregunta sería: ¿cómo superar este estado de las cosas?, es decir: ¿Cómo superar la homofobia? Yo propongo: comenzar por aceptar que los hombres heterosexuales podemos sentir deseos sexuales hacia otros hombres, lo cual, por cierto, revaluaría la noción de heterosexualidad. He ahí el peligro para la moral tradicional.
Es importante reconocer que es revolucionario cambiar la idea de lo que es una familia, un hombre, una mujer.
Cuando se educa un niño o una niña, se los educa a partir de lo que se entiende que es un hombre y una mujer, y allí hay arquetipos, patrones y prejuicios. Unos que se tienen por positivos por unos y por otros. Hay muchas formas de enseñar a un niño que sea masculino que no es simplemente decirle “sea macho” o de conducir a la feminidad a la mujer que no es poniéndola a jugar con muñecas.
Además porque como se ha visto, por ejemplo, una de las mejores maneras de que una niña quiera tener aretes es que los papás no se los pongan.
¿Qué es ser hombre? ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es una familia?
Hay muchas diatribas contra la masculinidad, contra la feminidad, contra la familia. Es casi una moda. Pero la reflexión puede ir más allá de las críticas “progresistas” o de las loas “conservadoras”.
(No veo cómo alguien puede ser progresista y homofóbico. Es una contradicción en los términos. Quizás por eso es un tema.)
Es interesante pensar eso de “progresista” y “homofóbico” a la vez, para ver la diferencia entre lo que se quiere ser y lo que se es, lo que se quiere pensar y lo que se piensa, el control que se tiene sobre las palabras y las maneras como las plabras (y las costumbres que anidan en ellas) nos controlan.
Tal vez haya que hablar también de la heterofobia.
Pues sí, también existe la heterofobia (así como la estupidez del activismo de género de joder con el lenguaje “políticamente correcto”), pero la heterofobia, que yo sepa, no ha hecho que nadie se suicide (como sí la homofobia) ni ha impedido, mediante lobbys, que las personas heterosexuales sean discriminadas por ley. Para mí ese es el punto importante. Cualquiera tiene derecho a ser homofóbico o heterofóbico o iguanofóbico en su vida privada, siempre y cuando no maltrate o afecte negativamente a otras personas con sus fobias.
Puede que existan esos citadinomófobos de los que usted habla, pero me parece que su argumento es débil.
1 Cuántos son? su descripción puede ser símplemente anecdótica, por no decir desactualizada.
2 Que tan homofobomilitantes son? Es decir, en su escala de valores alguien puede tener homofobia, negrofobia, etc, pero “por decencia” convivir sanamente.
Es decir, todo esto me lleva a pensar en alguien como mi papá. el era homofóbico, de crianza y sociedad. Y militante de izquierda. Pero el nunca discriminó en su trabajo (docencia) contra nadie por su orientación sexual. Luego, cual es punto?
En lo de ortogonalidad entre izquierda y aceptación a la homosexualidad si se pifió, java. Contraejemplo: ivan cepeda.
En mis cálculos sucios, un sesenta o setenta por ciento de los colombianos son homofóbicos a algún nivel significativo, tal vez más (y de seguro no menos). Esto considerando que, por ejemplo, según el Latinobarómetro de 2009, alrededor de un 40% no aceptarían ni siquiera tener a un homosexual de vecino, lo que para mí ya raya en el radicalismo peligroso (en esto estamos honrosamente posicionados como terceros o cuartos en latinoamérica, si no estoy mal). Otra pista anecdótica y menos fuerte es la respuesta al sondeo organizado por El Espectador al respecto, donde ganó el No (al matrimonio homosexual) más o menos sin dificultad pese a que EE es supuestamente un espacio comunmente afiliado a lo progresista. En general el ambiente de la calle dice muchísimo. Al igual que los chistes o la manera como se trata el tema en televisión o radio. Si a usted le parece absurdo que los colombianos citadinos sean descritos como homofóbicos, trate de salir a la calle en Bogotá con un hombre de la mano para ver qué pasa.
Es muy probable que Tomás jamás haya causado molestias a nadie por eso, quién sabe, pero no dudo que si Tomás hubiera tenido la posibilidad de votar al respecto de un asunto como este, también votaría que No. Que al final es lo que importa. En la práctica, igual estaría contribuyendo al grueso de la sociedad que, con sus discriminaciones activas o pasivas, hace dura la vida para las personas homosexuales. Esto, obviamente, es difícil de medir para uno, pero basta hablar con personas en esa situación para entender lo terriblemente cruel que puede ser, incluso en ambientes supuestamente modernos (e.g. mi amigo Arturo, que no tenía compañeros para almorzar cuando empezó a trabajar en la Universidad Distrital porque a los demás profesores les parecía sucio que viviera con un hombre).
Con respecto a ortogonalidad, creo que no fui claro en mi uso del término. Lo que quiero decir es que ser homófobo o no es absolutamente independiente de la afiliación política. Personas afiliadas a lo que se supone que es progresismo pueden, perfectamente, expresar actitudes bastante (activamente) homofóbicas en su vida diaria. Pienso en personas como mi mamá, para no ir demasiado lejos. O en algunos conocidos de la universidad. En otras palabras, que Cepeda o Piedad Córdoba no sean homofóbicos casi no tiene nada qué ver con que estén alineados en lo que se conoce como izquierda colombiana.
Para superar la homofobia impuesta por la moral machista propongo un día en que los hombres salgamos a la calle y nos besemos entre nosotros, por ejemplo en la plaza de Bolívar o frente a la Procuraduría. Ocasión para muchos de probar un primer beso con alguien de su mismo sexo, por curiosidad o simplemente un beso militante. ¿Lo harían? No tendrían que besarse con todo el mundo, podrían escoger a un amigo o a un familiar y cada cual decidiría el calibre del beso: en la mejilla, en los labios o apasionado. A muchos podría parecerles ridículo, pero es una respuesta al diagnóstico de Javier de que hay que combatir la homofobia del Colombiano medio, romper esta inercia en las costumbres mediante acciones contundentes, en vez de desgastarse debatiendo con la curia hipócrita y dogmática.
Claro, ortogonalidad es una forma fuerte de independencia, no es lo mismo que “incompatibilidad”. Por otro lado, me parece importante destacar el aspecto _dinámico_ de actitudes como las que mencionan aquí. Así como hoy todavía es problemático para dos hombres mostrar afecto o ir cogidos de la mano en (parte de) Bogotá, y no lo es en (digamos) Barcelona, Nueva York o París, vale la pena recordar que esa apertura en esos lugares no es cosa muy antigua. Recuerdo en 1996 en el Marais parisino, con MC y Alfonso, que había rechiflas a parejas de hombres cogidos de la mano. Hace solo 15 años, en el Marais. Dudo que Barcelona fuera mejor. Hoy se agradece la “normalización”, la “indiferencia” que se empieza a sentir en esos lugares. Ver a dos hombres o mujeres cogidos de la mano en Barcelona es hoy (afortunadamente) algo tan banal y obvio (o tan bello y especial, según el caso) como un chico y una chica cogidos de la mano, mostrando afecto. Pero no era así hace poco. Creo que Bogotá (pese a todo) va hacia algo similar.
Hace un tiempo iba caminando por la séptima (era de día, estaba tetiada), y adelante iban, dándome la esplada, dos tipos agarrados de la mano. Recuerdo que un hombre joven venía caminando en dirección opuesta, pasó al lado de ellos y se dio cuenta. Hizo un gesto de perplejidad, de indignación, se agachó para tratar de ver bien las manos entrelazadas de los dos hombres, y por poco se caga de la risa o algo peor.
Recuerdo -si estoy mal me corrigen- que Álvaro Araújo Castro, antes de ser arrestado por parapolítica, había presentado un proyecto de ley favorable para los homosexuales (no recuerdo cuál). Y el tipo era uribista de pura cepa.
me pregunto si decir que fumar es pecado o que es malo para la salud, o no permitir fumar en sitios públicos es ser discriminatorio contra los fumadores o tener tabacofobia.
es mejor no dar oportunidad a los niños para que experimenten con el cigarrillo porque de pronto les queda gustando, aunque al principio a nadie le gusta. lo mismo con la homosexualidad.
y, las personas que vayan a tener familia mejor que lo piensen antes de encender el primer cigarrillo porque después de comenzar es dificil dejarlo y es injusto obligar a los bebés a respirar nicotina.
o a ser criados por dos papás o dos mamás cuando el sano desarrollo de una criatura necesita los modelos masculino y femenino…
Que yo sepa, y he buscado bastante, no hay ninguna prueba seria de que el sano desarrollo de una niño necesite tener en la casa los modelos masculino y femenino (lo que quiera que sean). En cambio, sí hay bastantes estudios sobre la experiencia de parejas homosexuales que crian niños y la evidencia apunta a que no hay daño alguno en el desarrollo de estos niños.
Por lo demás, si se necesitaran los dos modelos, que no creo, la legislación colombiana debería prohibir que un adulto soltero (hombre o mujer) pueda adoptar. ¿Por qué esto es permisible y que dos hombres o dos mujeres puedan adoptar no lo es? ¿Dónde están los bravíos defensores de la familia y el sano desarrollo de los niños en ese caso?
Si la homofobia de la sociedad colombiana se redujera a la imposibilidad de adoptar sería terriblemente progresista. No es así. En este momento, si uno de los dos miembros de una pareja homosexual muere, no hay nada que asegure que el sobreviviente pueda recibir, por ejemplo, la pensión de su pareja. Esto por no hablar de las estadísticas al respecto de suicidios adolescentes y correlación con acoso escolar por homosexualidad.
Clarita
Estoy en total desacuerdo con lo que dices. Mi opinión es que no se puede confundir un vicio con la homosexualidad o heterosexualidad. Ahora, la necesidad de la imagen paterna está por discutirse, pues casi siempre nuestros niños son abandonados por sus padres y los crían madres cabeza de familia. Incluso, tu conoces un caso exitoso de una madre que siendo soltera, adoptó una niña con todas las exigencias de Bienestar Familiar, y esa niña es ahora una personita hecha y derecha que ingresa a la Universidad.
Carolina
Tal vez en Colombia hay más bígamos que homosexuales. No sería igualmente justo que, así como se pide legalización al matrimonio homosexual, también se legalice las uniones bígamas o polígamas? por que habría que legalizar el matrimonio gay y no la poligamia? Si hay matrimonio gay que también haya matrimonio polígamo de una vez.
Me imagino que los polígamos no se han sentido legalmente discriminados. La ley, a menos que se casen varias veces, no pareciera tener inconvenientes con eso. Pero tiene razón: valdría la pena que en algún momento se discutieran maneras legales de reconocer ese tipo de relaciones, que en Chocó y de otra manera en la costa son muy frecuentes, por ejemplo. Supongo que el problema es que a las personas que las practican por lo general les interesa lo contrario: ocultarlas.
Por otro lado, es curioso: creo que en Colombia hay más tolerancia por un hombre que tiene varias familias al tiempo (engañando mujeres e hijos en el camino) que por un hombre que vive con otro hombre estáblemente por años y años. Los primeros no son jamás tan condenados como los segundos.
Hace poco escuché en la radio que la bigamia en Colombia no es ilegal. Antes lo era, pero ya no.
La Bigamia era castigada por el código penal no me acuerdo hasta qué año y ya no, en eso tiene razòn Olavia.
Sin embargo, que algo no sea castigado penalmente no significa que sea legal. Un matrimonio es nulo (sanciòn civil por ilegalidad) cuando alguno de los contrayentes tiene un matrimonio vigente. La bigamia sigue siendo ilegal en Colombia, sólo que no se castiga con cárcel.
Si aceptamos el matrimonio gay, ¿por qué no aceptar el matrimonio entre un hombre y un perro? Este tipo de uniones nupciales zoofilicas hoy son penalizadas y se esconden, la gente (y mucha gente) es discriminada por eso.
Pienso tambien que la legalización del matrimonio homosexual para que sea incluyente debe cobijar el matrimonio incestuoso , para que también podamos celebrar nupcias entre padres e hijos, mujeres y perros, niños y gatos.
Siempre habrá alguien que quiera matrimonio y alguien que se sienta discriminado, y se suicide por no poderse casar con el papa, con la mama o con su french-puddle.
Nuestro deber como sociedad es evitar estas discriminaciones. Cualquiera que sea el significado o sentido social que quiera dársele a ese término “matrimonio”, todos tenemos derecho a el, la Iglesia no puede impedirnoslo.
Amigo Juju, ¿por qué no se hace llamar Jamon como en el comentario anterior?
¿Y por qué usa un anonimizador?
¿Mucho miedo de ser identificado?
¿Le da vergüenza que descubran que usted equipara homosexualidad y zoofilia?
Me pregunto quién será.
Cuando comente sin capucha vuelvo a publicar sus opiniones y a tomarme el trabajo de responderle. De lo contrario, borraré lo que diga de aquí en adelante.
Váyase con sus provocaciones para otra parte.
Un saludo.
Es interesante pensar en todo esto. Concluyo (después de más de 30 comentarios al post) que la homofobia es una araña con muchas patas muy distintas. Hay puntos de vista muy tradicionales católicos. Hay simple miedo a lo distinto, sin que se sepa bien por qué no debería haber matrimonio igualitario, o dos hombres o dos mujeres expresando su amor en público, hay explicaciones enrevesadas. Para mí el tema es más sencillo: amor es amor, y cuando es de verdad y fuerte es brutalmente bello. Que sea entre dos hombres, hombre y mujer, dos mujeres es otra cosa. Puede tener matices distintos, pero el hecho simple y crudo de su fuerza rebasa (para mí) todo lo demás. No puede estar “mal” algo bello, fuertemente bello.
Malos sí son: matrimonios desgraciados (como los de tantos de nuestros abuelos que nunca los rompieron pero educaron a tantos de nuestros padres en infiernos cotidianos de los que aún no se acaban de recuperar). Malo es un matrimonio (homo o heterosexual) donde haya acoso, dominación, golpes, fealdad. Malo es un hogar donde los hijos ven ejemplo desastroso de abuso y acoso. Clara: ¿cuántos “hogares” colombianos, mal casados o no, que siguen el modelo de “padre y madre” son realmente ejemplares? Mi hermana trabajó en el programa de maltrato del ICBF y la _cantidad_ y _horror_ de casos la llevaban al llanto cada vez que nos contaba su semana en reuniones familiares. Eso (desafortunadamente) es el problema real: malos, PÉSIMOS hogares. El que sean “hogares” de padres hombre/mujer no es más que una arandela.
Para mí, permitir que haya más _buenos hogares_ (sí, con dos hombres de padres, o dos mujeres, u hombre y mujer, como sea, pero que dén lo mejor de sí y de pura verdad quieran a sus hijos y les abran mundo) es lo crucial. Estamos quedadísimos en _eso_, que es crucial.
En cuanto a las leyes anti-homofobia, y el mensaje positivo poderoso que se puede transmitir a la sociedad si Colombia acepta el matrimonio igualitario y la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales – creo que sería el _inicio_ de un proceso muy interesante, no el final. Un poco como la primera abolición de la esclavitud, que no resolvió muchos de los problemas que se proponía, pero sin la cual sería impensable nuestra vida de hoy.
Me da pena opinar tanto, pero sigo. Ante el argumento “el pueblo colombiano no está preparado para algo como el matrimonio homosexual, mucho menos para la adopción por parte de parejas de mismo sexo” me parece que es importante subrayar (aunque se ha dicho ya):
1. No creo que “el pueblo español” o “el pueblo del DF” estuviera “preparado” para sus leyes progresistas. Sin embargo, creo que _suficientes_ españoles, suficientes chilangos sí que lo estaban, y ayudaron a que pasaran las leyes. No creo que sea cuestión de mayorías, sino de argumentos bien esgrimidos, como pasó en España, en el DF, en Argentina, en Nueva York.
2. El valor de ciertas leyes a veces es educacional. No creo que el “pueblo del sur de Estados Unidos” estuviera preparado para las leyes anti-segregación de los años 60 – de pronto parte de ese pueblo sigue sin estarlo, pero en cualquier caso, pese al horror que se ve, el Estados Unidos urbano de hoy sería impensable sin esas leyes.
3. Esas leyes (las antiracismo, las antidiscriminación por orientación sexual) tienen un efecto/reflejo entre distintos lugares del mundo. La discusión en Colombia no es aislada de la de Nueva York, de la del DF, de la de España. Llega un momento es que lo absurdo es NO tener leyes antiracismo, antiesclavitud, antidiscriminación. Es largo el camino, pero es importante ese efecto reflejo. Y sí, como en cualquier efecto reflejo, a veces hay reflejo negativo. Por eso hay que estar pendientes.
4. Me parece clave no dejar que la discusión suceda solamente en el Congreso (igual con el tema de la educación). Es importantísimo que estas discusiones vayan más allá de los blogs.
J., estoy de acuerdo con las ideas de la columna, pero me parece que la conclusión no es acertada. Los homofóbicos pasivos como objetivo de las campañas por la libre expresión de la sexualidad no funciona porque es un grupo poblacional inasible, uno que no tiene identidad por sí mismo. La iglesia es menos importante, de acuerdo, pero victorias en su campo son simbólicas, tal vez porque hacen parte del referente de la gente del común para pensar que esta bien ser homofóbico (o homofóbica). La otra opción es la de cambiar las instituciones formales, la ley en particular, y ahí la pelea se viene dando. Aunque, para ser honesto, a mí me parece que la lucha por aceptar el matrimonio homosexual es hasta cierto punto tan simbólico como ganarle la batalla a los curas. Ganar la posibilidad de adoptar hijos es mucho más importante.
Saludos,
Me parece patente que con la homofobia pasa lo mismo que con el racismo: muchos no está dispuestos a reconocerse como racistas, pero no dudan en emplear expresiones discriminatorias: al final los delata el lenguaje. En Colombia muchos se declaran tolerantes con los homosexuales, pero comparan la homosexualidad con la droga, con la zoofilia o emplean palabras ofensivas contra los gais. Para estas personas, dos hombres adultos pueden tener sexo (difícilmente les concederán que puedan amarse), pero con la condición de hacerlo en el más estricto secreto y de comportarse en sociedad como “hombres”. Todo homosexual está condenado a llevar una doble vida según las hipócritas costumbres colombianas o a desempeñarse en ciertos oficios (peluquería, diseño de modas) donde se les ha confinado, y este confinamiento social se legitima en los roles asignados a los homosexuales en las telenovelas. Impensable todavía en Colombia un militar homosexual. Conozco gais y lesbianas contemporáneos de mis padres que nunca pudieron realizarse en la vida porque la presión social era muy grande (miedo a perder el trabajo, a no poder arrendar un apartamento, a ser rechazados por la familia, a ser señalados en la calle, a ser agredidos física y verbalmente). No pudieron vivir el amor plenamente, formar una pareja estable, llevar una vida de pareja plena, siempre tenían que ocultarse, asistir separadamente a las reuniones familiares, vivir en la mentira, disimular, al final terminaron solos, hubo intentos de suicidio y mucha frustración. La historia pudo haber sido distinta. Detrás de la idead de normalidad que defienden los tradicionalistas, hay mucho sufrimiento que se le está imponiendo a los homosexuales. Los tradicionalistas son muy crueles, y no sólo eso: son cómplices de los golpes y los asesinatos contra homosexuales. Pues hay que decirlo: en Colombia la cifra de asesinatos contra miembros del colectivo LGBT es altísima. Para mí la causa de la homofobia es la misma de la discriminación contra la mujer: el machismo. Pienso que cualquier intento por disminuir el machismo colombiano es un paso positivo incluso contra la violencia. Llegado a este punto, lanzo la pregunta: ¿Qué podemos hacer? ¿Qué acciones concretas podemos llevar a cabo para superar la homofobia? Yo proponía más atrás una protesta de besos entre hombres, con la idea de normalizar socialmente el afecto entre hombres gais pero también heterosexuales. ¿Por qué? Porque el machismo y la homofobia son tan fuertes en Colombia, que en muchas regiones las costumbres prohíben que dos hombres se manifiesten afecto, incluso si son padre e hijo no pueden abrazarse, besarse, hablarse de tú, acariciarse.
Es verdad: en un partido como el PDA, por ej, entre sus altos dirigentes, hay homofobia. Como también hay sexismo (y su cruda expresion, el machismo) y arribismo. Y seguramente en el sindicalismo es similar la cosa.
De donde viene todo esto? De la iglesia, de las costumbres, de la historia, de la cultura. Colombia ha sido un pais muy godo, la izquierda también ha estado impregnada por esa cultura.
Como combatirlo?
De todas las formas posibles, y a sabiendas de que los cambios culturales toman muchos -muchos!- anhos.
Estoy, si, de acuerdo en que es mas inteligente tomar primero a los aliados potenciales, es decir a las fuerzas de izquierda, y exigirles coherencia con lo que se supone que predican.