En su columna de ayer, Nicolás Uribe propone que el debate al respecto de la penalización del aborto se lleve a cabo con altura.

Por desgracia, la columna donde Uribe ofrece sus supuestamente elevados argumentos es un mosaico de imprecisiones y afirmaciones sin sustento. Una de las poquisimas afirmaciones (tal vez la única) para la que brinda una referencia más o menos explícita es la siguiente:

[…] resulta probado que el aborto legal es hasta tres veces más peligroso que el parto (American Journal of Obstetrics and Gynecology).

Ayer dediqué un par de horas a encontrar su fuente. A continuación lo que descubrí.

No costó mucho trabajo notar que Uribe citaba textos de propaganda a favor de la penalización donde se afirmaba lo mismo con exactamente la misma referencia escueta a una revista (sin año, sin nombre del artículo, etcétera). Por fin, tras profundizar un poco más en la maraña de vínculos, descubrí en este lugar la referencia a la que se atribuye la afirmación. Es un artículo sobre mortalidad femenina en Finlandia durante el primer año tras un embarazo. Aquí está el PDF. El artículo estudia los casos de mujeres muertas en Finlandia durante el año que siguió a un embrazo que pudo terminar en parto o aborto (tanto inducido como espontáneo). Hay 419 casos en 13 años (de 1987 a 2000). En Finlandia el aborto es legal bajo cualquier circunstancia (dentro de ciertas restricciones de tiempo razonables) y por ende prácticamente todos los abortos son seguros en el sentido de que son realizados por personal médico especializado en condiciones adecuadas. También vale la pena aclarar, antes de entrar en detalles, que Finlandia cuenta con los niveles educativos más elevados de Europa y con programas de salud sexual y reproductiva de altísimo nivel. Ahora miremos de dónde sale la afirmación de Nicolás Uribe: en la quinta página del artículo se lee lo siguiente:

Women who underwent an induced abortion had a pregnancy-associated mortality rate from natural causes that was one third higher than that of women who had given birth.

Lo que más o menos parecería darle la razón (como anota un comentarista abajo, “one third higher” no es lo mismo que “tres veces más”). Sin embargo, el artículo prosigue:

These deaths included both terminations in early pregnancy (indicating most often an unwanted pregnancy) and in late pregnancy (included practically all cases for medical reasons). After excluding all terminations for medical reasons, the pregnancy-associated mortality rate from all natural causes declined from 22.3 to 15.9 per 100,000 induced abortions, a rate lower than the mortality rate after a birth.

¿Explicación? Como ya dije, el artículo estudia los cuatrocientos diecinueve casos de mujeres muertas durante el primer año tras un embarazo ya sea terminado en parto o en aborto. Como en Finlandia las mujeres cuentan con amplia información sobre anticoncepción, buena parte de las mujeres que inducen un aborto lo hacen por causas médicas. Debido a esto, en el estudio se concluye que las mujeres que abortan (en Finlandia) tienen una tasa de mortalidad (tres veces) más alta durante el primer año tras terminar su embarazo (¡tenían problemas médicos para empezar!). Sin embargo, una vez se excluyen las mujeres muertas que abortaron por causar médicas, la tasa de mortalidad de las mujeres que abortan (en Finlandia, no olvidemos esto) es menor que la de las mujeres que concluyen su embarazo en un parto. Mejor dicho, si se quisiera utilizar este artículo como herramienta en una discusión sobre la peligrosidad del aborto, el artículo claramente asegura que en circunstancias normales hay más riesgos asociados al parto natural que al aborto temprano para terminar un embarazo no deseado. Pero por supuesto esto sería casi tan tendencioso como la afirmación flagrantemente falsa y descontextualizada de Uribe. El contexto del artículo es demasiado preciso para sacar conclusiones apresuradas más allá de dejar bastante claro que Uribe nunca lo leyó (y tal vez ni conocía su título).

Personalmente pienso que en el debate al respecto de la penalización del aborto los puntos de vista a favor y en contra más fuertes y valiosos provienen no de la ciencia, como intenta sugerir fallidamente Uribe, sino de la reflexión moral (aquí un texto muy valiente de Aleyda al respecto) y/o desde la salud pública. En particular, tienen que ver con la relación entre la mujer embarazada y el niño (en desarrollo, si se quiere) que lleva adentro, así como con la incidencia del aborto en la sociedad. En mi opinión este es un debate muy serio. Es necesario con urgencia llegar a acuerdos que tomen en cuenta no sólo nuestras percepciones morales personales y compartidas sino las estadísticas reales de abortos clandestinos. Asímismo necesitamos implementar políticas públicas que reduzcan, como se ha logrado en Finlandia, la necesidad de abortar salvo en casos excepcionales. No creo que artículos mentirosos como el que publicó Uribe (aquí sólo exploré una de sus afirmaciones, la que única que semi-referenciaba burdamente (¡No me quiero ni imaginar los argumentos que sustentarán las otras!)) contribuyan significativamente a mejorar la calidad (¡y altura!) de este importante debate público.