Hay varios tiempos que se solapan y comparten el mismo espacio. Cada instancia de percepción (las hay individuales y compartidas) tiene su propia dimensión temporal. Por eso las longitudes (e intensidades) de los momentos cambian. Por eso mientras algunos viven otros asisten estáticos al paso triste del mundo. Cuando a Mauricio saltó del tren yo salté con él. Y ahora me conformo con ver las cosas pasar desde la pasividad de mi estado ausente. Me despido de todo para no despedirme de él. Sigo soñando que vuelve.