Aprendemos por el ejemplo y el contacto intenso con entusiasmos que deformamos y adaptamos a nuestras motivaciones personales, i.e., nuestro sentido de lo bello y de lo verdadero.

El aprendizaje es inspiración y transformación. Nunca se inicia y nunca se detiene. Vivir es aprender. Aprender es una necesidad vital. Hay aprendizaje en la exploración de cualquier fuente de información.

Aprendemos mediante la práctica y el error. El fracaso es la base fundacional de nuestras mejores creaciones. El fracaso nos impulsa y nos guía. Es un consejero confiable. Nos dice Este no es el camino.

La confianza en el talento innato, la tranquilidad que nos confiere habitar sus dominios, nos aturde. El aprendizaje es lo que pasa cuando aceptamos incapacidades e ignorancias, cuando dejamos la solidez falsa de lo familiar, de lo aparentemente conocido, y nos arriesgamos a adentrarnos en la confusión para llegar a nuevas confusiones.

Sabemos que hemos aprendido de verdad cuando podemos contagiar a otros de nuestros propios entusiasmos y en la retroalimentación de este proceso renovamos lo asimilado.

El aprendizaje nunca es solitario.