El propósito implícito de este año consistía en reestablecer los vínculos con la vida. Era intentar eso o matarse. Ganó vivir.

De todas maneras ayer, mientras caminábamos por el Golden Gate hasta que la neblina nos cubrió y San Francisco se deshizo, pensé en proponerle a Mónica que saltáramos juntos. Nadie nos vería. Nadie sabría qué pasó.

Hoy durante la comida con Jaime ella decía que nuestro propósito para el año que se inicia es encontrar/armar una vida. No sabemos dónde ni en qué circunstancias. Nos gustaría establecernos en Canadá. Queremos un lugar donde podamos asentarnos y estar tranquilos. Cada vez parece menos sensato proseguir en la búsqueda de oportunidades laborales académicas en un mundo universitario piramidal que se basa en ofrecer contratos temporales de mala calidad (llamados eufemísticamente “postdocs” mientras el marrano es joven) destinados a sostener los ocios ombliguistas de la élite dudosa de privilegiados que cuentan con plazas permanentes y donde la educación seria, amplia y respetuosa de los jóvenes ya hace tanto que dejó de ser una prioridad institucional. Sin duda hay maneras más provechosas y satisfactorias de ocupar la (poca) juventud que nos queda.