Václav Havel propone en su discurso Politics and Conscience una revaloración (revaluación) de las personas, su bienestar y sus necesidades como prioridad de la sociedad. Asimismo abjura de la supuesta objetividad que se ha convertido en el valor esencial de organización política: una tecnología impersonal del ejercicio del poder.

Para Havel tras esta objetividad cientificista se oculta una tiranía ideológica que, en un giro político perverso, pone a las personas al servicio de abstracciones sin consciencia, responsabilidad ni sentido moral. El totalitarismo, dentro de esta perspectiva, es una consecuencia directa, la etapa final, de la fe acrítica en los sistemas invisibles que saben más y toman mejores decisiones que nosotros porque crecen libres de la demasiado humana subjetividad que aturde, parcializa y avergüenza.

Havel escribe desde su posición de disidente atrapado contra su voluntad en la Checoslovaquia comunista de 1984 (qué apropiado), pero sus observaciones siguen sólidas y relevantes. Piensen en el valor que tienen actualmente la vida y la dignidad de las personas dentro del sistema económico global que tanto nos esforzamos en estabilizar y proteger. Piensen en China comunista y su alianza abierta con el capitalismo norteamericano más radical. Piensen en los analistas que pretenden convencernos de que las plantas industriales esclavistas que hacen todo lo que consumimos son mejores que lo que había antes, porque ciertos índices financieros suben y otros bajan, que es lo que de verdad importa.

What is most dangerous to that evil are not the rockets aimed at this or that state but the fundamental negation of this evil in the very structure of contemporary humanity: a return of humans to themselves and to their responsibility for the world; a new understanding of human rights and their persistent reaffirmation, resistance against every manifestation of impersonal power that claims to be beyond good and evil, anywhere and everywhere, no matter how it disguises its tricks and machinations, even if it does so in the name of defense against totalitarian systems.

Václav Havel en 1978