Me siento aislado dentro de mi generación y su rechazo adolescente a todo lo que implica distinción. Quienes me conocen, pocos, saben que la moda es muy importante para mí. Mi armario me define. Soy un convencido de la relevancia y utilidad de la moda como demarcadora de clase. Esto me interesa porque tengo problemas serios socializando con personas dentro de lo que llamo la racaille. No quiero entrar en detalles pero podría decirse que mi sistema digestivo se resiente. No soy yo cuando me altero intestinalmente. Me pasa lo mismo con el tomate. La moda, su buen uso, su conocimiento práctico, su consciencia adecuada del contexto, me permite elegir mis relaciones desde la distancia, sin untarme, sin correr el riesgo de entrar en contagio con personas que no están a mi altura cultural, intelectual, espiritual, moral, estética, filosófica o sexualmente. Si sueno excluyente o discriminatorio es porque lo soy. No tiene nada de malo. Para eso vivo en una sociedad libre, para poder elegir a quién consumo y a quién desprecio. Por experiencia, sé que puedo confiar en el estilo y el vestir de una persona, especialmente si es una mujer, para juzgarla y determinar si se adapta a mis necesidades y principios morales. Me tomó tiempo refinar mi filtro pero el esfuerzo valió la pena. La verdad es que todos tienen parámetros así. Todos excluyen y rechazan de acuerdo a criterios subjetivos. Algunos, obvio, son más trabajados que otros. La diferencia es que yo prefiero ser estricto con los pocos que tengo. Mi estómago no me permite experimentar. Yo sé que ustedes me entienden y no se ofenden cuando por descuido los miro como si tuviera ganas de vomitar.

Ramillete de coristas australianas en 1930 a la moda de la época.
¿Con cuál de las seis se quedaría usted?