Se propone un conteo o varios que se ejecutarán de forma regular para detectar cambios y progreso. Cada una de los conteos arroja una cifra que mide un aspecto particular y simplificado del fenómeno o problema que se estudia. El proceso es generalmente recursivo: un conteo se ejecuta sobre otro conteo que a su vez se ejecuta sobre otro más por varios niveles de profundidad. Algunos conteos son instántaneos (e.g., la cantidad de plata que tiene alguien (una cifra producto de un conteo) es una abstracción que alguna vez pretendió medir y ahora simplemente es (casi) equivalente a la capacidad de acceso a bienes y servicios de esa persona (y hasta a su dignidad, si uno se deja llevar por el cinismo)). Otros requieren trabajo adicional para garantizar que el conteo es suficientemente confiable. Ahí entra la estadística. Cada nivel de conteo aporta un grado de abstracción. La abstracción nos libera y distancia de las peculiaridades del fenómeno. A eso se le llama ganar objetividad y se supone que facilita el análisis neutral. En ocasiones, las cifras que se obtienen son combinadas en nuevas cifras mediante procedimientos aritméticos que pretenden evidenciar la manera como estas, es decir, sus supuestos referentes concretos al final del proceso recursivo de abstracciones anidadas, se interrelacionan. Nótese que todo está inevitablemente plagado de decisiones relacionadas con la percepción, preferencias y propósitos de quien cuenta. Debido a esto, el resultado del conteo de conteos es una descripción, no del fenómeno que se estudia, sino de la imagen cuantitativa del fenómeno dentro del (limitado) esquema mental/cultural de los contadores. Un estudio reverso del proceso, si fuera posible, dejaría a la luz sus prioridades y caprichos. Que luego el juego de poderes convierta estos conteos en parámetros que son prácticamente equiparables al fenómeno concreto y que por ende (si describe entonces predice y controla) deben ser optimizados a como dé lugar mediante decisiones políticas y similares evidencia la perversión salvaje que se anida en el trasfondo del sistema tecnocrático reinante. Nos metieron el cuento de que si esos números se movían en la dirección correcta entonces todos éramos mejores de alguna manera. No siempre es así. Casi nunca es así.
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06 02 2012
Temas: abstracciones • contar • describir • educación • equivalencias falsas • estadísticas • matemáticas • modelos matemáticos • neutralidad • paola castaño • política • predecir

El caso más extremo de agregación de índices que he encontrado en mi profesión.
Supuestamente obtiene una medida de la propensión (!) de un estado a fallar (?!)
Tremendo esperpento.
Las cifras de los componentes del índice esconden cien supuestos problemáticos, y además parece como si no hubiera ningún juicio subjetivo, cuando muchas de las componentes se derivan de juicios de los codificadores ¿Para qué se usa el índice? ¡Política exterior gringa more geometrico!
Ilustra a la perfección lo que describo.
Me gusta mucho este post precisamente porque yo me dedico al “estudio reverso del proceso” para mostrar sus caprichos.
Más allá del “aspecto particular y simplificado del fenómeno o problema que se estudia”,hay un supuesto aún más básico en el acto de contar: lo que se cuenta es de la misma naturaleza. También el rol de la abstracción de distanciarnos del fenómeno y de liberarnos de eso se vuelve más complicado en ciertos contextos. Hace poco escribí un paper sobre la distinción fact/value que comienza con esta frase (con el ejercicio de desmontar su “ficción factual”) “En Colombia hay 307.247 víctimas de la violencia”.
Pase el artículo.
Disfruté groseramente esta entrada, aunque debo confesar que en gran parte fue porque la leí como una respuesta a algunas columnas de Alejandro Gaviria.
Dentro de los economistas que conozco, me parece que Gaviria es bastante consciente de las limitaciones de esas herramientas. Mientras escribía el texto no pensaba en nadie en particular sino en la práctica general. Un twit de Paola fue el detonante.