Durante sus primeros años Internet se hacía con las manos. El código estaba en la superficie, dispuesto a ser modificado y abusado. Con el paso del tiempo la distancia entre el código y el contenido ha aumentado, al tiempo que se ha reducido el control de los usuarios sobre su presencia en la red. De un esquema altamente anárquico donde cada habitante tenía una parcela propia que podía estructurar y administrar a sus anchas hemos pasado a un modelo centralizado donde asuntos como la presentación y en ocasiones la esencia misma del contenido están fuera de nuestro alcance.

Las casas del futuro. “What does a woman do all day?”

Quienes defienden este proceso y lo describen como progreso hablan de una red más pulcra, con varias capas de administración profesionalizadas que supuestamente garantizan que la navegación (o lo que queda de ella) sea más agradable y efectiva. También dicen que esto facilita la adopción de la tecnología y su consecuente popularización al reducir los requisitos técnicos para usarla.

Tengo la impresión, sin embargo, de que esta falta de control local de los espacios personales en línea reduce el sentido de propiedad de la red en general. En cuestión de diez años y sin mayor resistencia de nuestra parte hemos pasado de una red de pequeños espacios (relativamente) autónomos a una red de empresas que imponen las maneras de estar presente e interactuar.

Imaginen que en treinta años todos viviéramos en casas alquiladas a una de cuatro empresas posibles que exigen en el contrato que ningún aspecto de las propiedades (incluyendo el mobiliario, los colores, el uso de espacios, etc.) sea drásticamente modificado so pena de expulsión (argumentan optimización). A cambio, ellos adquieren el derecho de registrar nuestra intimidad con cámaras, eso sí asegurándonos que ninguna persona real mira esas imágenes sino que todas son analizadas por computadores que refinan nuestro perfil de consumo para garantizarnos mejor publicidad en los cuadros que hay en las paredes. Imaginen que hubiéramos permitido que nos hicieran eso. ¿Será que seguiríamos sintiendo que esas casas son nuestras? ¿Qué es exactamente lo que nos conceden esas empresas a cambio de todo lo que entregamos? ¿Quién es dueño de qué?

Por otro lado, con respecto a la ampliación de acceso, tengo la duda de si la aparente reducción de requisitos técnicos no es simplemente una reducción de las posibilidades de uso de la red. Como si Lego dejara de vender modelos para armar, empezara a vender juguetes prearmados con las fichas soldadas y se justificara diciendo que lo hacen para que los niños que no pueden armar los modelos también puedan disfrutar de sus productos. Es claro que no sería el mismo juguete y me atrevería a decir que es uno cualitativamente peor. Me temo que algo similar pasa hoy con Internet.

Juguetes
Todo tiempo pasado fue mejor, especialmente en lo que concierne a los juguetes.