En mi teoría de bolsillo de lo sobrenatural que pretendí ilustrar parcialmente en Inframundo, la muerte es un portal a una existencia fuera de la línea del tiempo que arrastra/rodea al espacio. Esto permite que dos reencarnaciones consecutivas no se ciñan al orden cronológico o incluso convivan en un mismo lapso de tiempo. Lo mismo aplica a los fantasmas y sus efectos asociados. La onda de la muerte es expansiva en toda dimensión concebible. Los condenados a muerte hablan con sus espectros arrepentidos un mes antes de su ejecución, se prometen cosas. Una casa es protegida por el espíritu en pena del niño que nacerá en ella medio siglo más tarde. Los fantasmas son tristeza, impotencia y nostalgia, pero también ansiedad y desconcierto ante el abismo incomprensible del futuro.

Lake Mungo Muerta
Siempre es posible regresar.