Está al otro lado de la calle Elmwood. Camina por el prado con curiosidad. Lo olfatea todo. Intentamos alejarla del andén para reducir la probabilidad de que se lance a la calle. Es amigable. Luce sana y fuerte. Se acerca y juega. No nos tiene miedo. Se estira bajo el sol. Busca el calor. Hace ruiditos. Rehuye mi sombra pero salta hacia mí cuando me acerco. Cabría de sobra en mi mano. Su hermana está oculta entre unas matas de hojas grandes alrededor del árbol donde probablemente nacieron. Tienen hambre. Le ofrecimos nueces y comió gustosa. Una vecina trajo un recipiente con agua. Lo pusimos en la base del árbol junto con una buena provisión de nueces. Al rato regresamos y se había aventurado mucho más lejos del árbol. Nos siguió cuando la llamamos. Intentó subirse en Mónica. La volvimos a dejar en la base del árbol. Mañana por la mañana volveremos con más nueces y agua.