Son tres, no dos. Las visitamos a las siete y media. La pequeña juguetona estaba tomando agua del bebedero que dejó la vecina. Lo rellenamos. Las nueces que dejamos habían desaparecido. Sospechamos que otras ardillas aprovecharon para aprovisionarse. Reabastecimos la despensa y se lanzaron contra las nueces de inmediato. A las ocho, cuando abrieron el supermercado, fuimos a comprar más nueces de estilos diversos (y también ciruelas pasas) para, en palabras de Mónica, “asegurarnos de que en la dieta no les falte ningún aminoácido”. De vuelta del supermercado me pareció ver a una de las tres saltando de rama en rama con torpeza en el arbusto cercano (que colinda con su árbol de nacimiento). Próxima visita: 11:00 am.