En tanto que cimentada en las enseñanzas del Verbo hecho hombre, el satanismo quiere destruir nuestra civilización. Ese es su propósito. Sus asaltos regulares a través de la infiltración de discursos filosóficos, espirituales, artísticos y políticos diversos como la fenomenología, el budismo, el posmodernismo y el liberalismo tienen el propósito de alejarnos de HaShem, proponiendo en su reemplazo cultos vanos a la sustancia, la riqueza material, la experiencia subjetiva, la humanidad y el placer. La veneración del estos vacíos complace al maligno y lo engrandece. Nuestra proclividad a la autosatisfacción nos condena a la perdición.