Una vez instalado, el Comando Supremo de las Fuerzas de Ocupación en Japón prohibió en su Código de Prensa (publicado en septiembre de 1946) que la bomba fuera mencionada en libros, revistas, periódicos, programas de radio, boletines de prensa y películas. También prohibió la divulgación en Japón de estudios científicos y médicos sobre los daños de la bomba y sus consecuencias, incluso entre los médicos que atendían a los afectados por la radiación.

No sé si el propósito de estas normas era construir una campana de negación artificial sobre las víctimas (y así facilitar la seguridad de las fuerzas de ocupación) o, más bien, reforzar la negación propia sobre el evidente carácter criminal del ataque (que de muchas maneras subsiste aún hoy).

Convertirlo en olvido.

La poeta Shōda Shinoe, víctima directa de la bomba en Hiroshima, resistió la censura imprimiendo sus poemas y distribuyéndolos personalmente entre los sobrevivientes.

A continuación algunos de sus tanka (traducidos tal vez demasiado libremente de una traducción al inglés que encontré acá):

Relámpago y explosión
En el espacio de un instante

Ese silencio
Transformado en la carnicería sangrienta de Asura
Ese silencio.

Alguien me carga en su espalda
Al centro de primeros auxilios
Frente a mí
Junto a un cuerpo gritan “¡Agua, agua!”
las últimas horas de un niño.

Como los guardianes protectores del templo
Negros, inflamados y chamuscados
Cuerpos desnudos
Apilados unos sobre otros.

Sobresale en la tierra ardiente
La maleta del maestro de escuela
Derrama las calificaciones
de sus pupilos.

Huesos enterrados
En una lonchera quemada
Sólo esto
Tiene alguna realidad.

Y otro más:

Los huesos grandes
Deben ser del maestro
Cerca están acumulados
Los cráneos más pequeños.

Shōda enfermó de cáncer en 1963 y murió en 1965. Tenía 55 años.