El doctor le dijo que o estaba embarazada o estaba muerta pero embarazada no podía estar porque el cáncer había acabado con el útero hacía dos años y la muerte era, sí, una posibilidad, pero remota.

Para ciertas personas la vida es un acto de fe constante en la realidad de la experiencia.

Le escribió a su hermano y le dijo que quería visitarlo para discutir su funeral pues todo parecía indicar que estaba muerta y quería estar segura de que la ceremonia fuera compatible con su afiliación religiosa y su visión cosmogónica general. Pidió que su hermano le enviara una copia de las palabras que leería para aprobar la redacción y énfasis.

En vida había sido reservada con respecto a su relación con Dios. Pero ahora no tenía sentido preservar las apariencias. Se arrepentía de su vergüenza.

En su carta de despedida para Tatiana le pidió perdón por abandonarla en la mitad del viaje, tanto literal como figuradamente.

El médico la visitaba a diario para reconfirmar el diagnóstico. Quería escribir un artículo al respecto. Tomaba muestras de su cuerpo. Hacía preguntas incómodas. Tocaba sus partes. Abusaba.

No siento nada.

Por las noches, cuando todos se iban, pensaba en las promesas de soledad tras la muerte. Seguro que era mejor que esto. Vivir la mentira.

La diferencia entre la vida y su ausencia es sobre todo perceptible en la intensidad de la luz y su tono.

Con la muerte, la realidad y el tiempo colapsan.

Debe existir una definición precisa de lo que significa partir. El manual estaba plagado de capítulos en blanco.