La vida se basa en la repetición de rutinas que describen órbitas no alrededor sino a través de puntos estables por intervalos de tiempo prolongados. Las transiciones de punto ancla son suaves. La niña nace y gira alrededor de la camilla donde está su mamá y luego es trasladada a un cuarto del que sale y entra a medida que las enfermeras administran evaluaciones, exámenes y baños. Un taxi nos trae al apartamento y el punto de referencia de su mundo se establece en la cama, entre mi almohada y la de Mónica, con viajes regulares a la sala, el baño, el consultorio del pediatra, el supermercado y el hospital. Ayer fuimos a Toronto, caminamos por el barrio coreano y luego bajamos a la avenida de la reina y dimos vueltas un poco más, con paso obligado por el barrio chino y el mercado de Kensington. La ciudad nos sienta bien. Hoy iremos a las cataratas de Niágara. Los círculos de Laia se expanden, cada vez más lejos de su centro primigenio. Algún día se alejará de nosotros también.