A raíz de esta iniciativa, en la columna de hoy propongo una discusión pragmática sobre la financiación pública de la investigación científica en países como Colombia. La columna cuestiona el axioma (ampliamente aceptado pese a la falta de evidencia conclusiva — las dificultades metodológicas (pdf) son inmensas, obvio) de que la investigación científica subvencionada públicamente es un prerrequisito para asegurar desarrollo económico y social. Sin una administración de recursos que evalúe seriamente la pertinencia/necesidad local de los proyectos, la financiación pública de ciencia se convierte en un chorro de fondos que beneficia sólo a los científicos que lo reciben y no tiene mayor impacto real en el país. Eso es algo que sólo se pueden permitir los países ricos, pero incluso en los países ricos son más cuidadosos y medidos en la forma como distribuyen fondos públicos para proyectos científicos. La investigación científica es importante y a veces necesita plata pública, sin duda, pero no toda investigación la merece sólo por ser “investigación”.