Mañana Laia volará en avión por primera vez. Será pesado, con varias escalas. Le pedimos al pediatra recomendaciones para el viaje y nos dijo que lo fundamental era que ignoráramos las miradas de la gente. (También recomendó teta durante el descenso.) En mis viajes en avión siempre he intentado ser amigable con los papás con niños pequeños cuando tengo oportunidad. Alguna vez, en un tren, hasta terminé cargando uno. Las reacciones pasivo-agresivas ante niños en aviones me sacan de quicio. Me parecen síntomas preocupantes de deshumanización general. Supongo que ahora será todavía peor.