La placa del carro que nos cerró el camino cuando veníamos del aeropuerto era de Texas. El taxista lo notó, semiadelantó al carro infractor por la izquierda, abrió la ventana del copiloto y le gritó al conductor “Esto no es Texas” en ese acento lindo que tiene la gente de acá. Y luego agregó: “Si no llevara a un bebé, le cerraría el paso y dejaría que eso lo arregle la policía.” Luego nos pidió disculpas por el incidente. Yo le dije que no tenía por qué: había hecho lo correcto. Cuando nos bajamos del taxi me dio la mano y me dijo que esperaba que disfrutáramos de su ciudad.