El otro día le dimos salmón a Laia de desayuno. Parecía que le costaba pasarse los pedazos luego de mascarlos así que la ayudábamos con sorbos de agua, pero no entendimos el grado de dificultad sino hasta una hora más tarde cuando estábamos en la piscina y descubrimos que mientras nadaba todavía mascaba con gusto uno de los pedazos de salmón que le habíamos dado.