La dulce Lola y su papá secuestran y torturan inmisericordemente a un pobre desgraciado que tuvo la suerte de que Lola se interesara en él y que, para colmo, recién se recuperaba de la muerte trágica de su papá en un accidente. Todo parece indicar que esta no es la primera vez que Lola y su papá invitan un amigo del colegio a su casa para taladrarle la frente luego de humillarlo y grabarle un corazón en el pecho con un tenedor. Lo suyo es una afición que ya suma varias víctimas, las cuales preservan lobotomizadas y en estado bestial en el sótano de la casa. En el transfondo esta es la historia de un papá complaciente rendido ante los caprichos desmesurados de su hija. Esa es una opción. La otra opción es que el papá use a su hija como excusa para explorar sus debilidades sádicas. Como sea, parecería que había un problema de comunicación y asertividad (o falta de) ni el hijueputa ahí. Hay familias que se descuidan y terminan con la sala de la casa convertida los fines de semana en una sala de torturas medievales. Creo que esa es la enseñanza principal de esta película australiana.