Esta semana también se murió Bigas Luna. Le debo un porcentaje nada despreciable de mis debilidades sadomasoquistas y una buena dosis de sana confusión sexual general en el momento que más me convenía. Sus películas están conectadas en mi memoria a mi época de cinéfilo solitario en Bogotá, siempre a deshoras en teatros vacíos.

(Otro que cayó fue Jesús Franco. De ese nunca he visto nada, qué vergüenza.)